Eduardo "Lalo" Fernandez
Cuando uno llega a Europa y la recorre de arriba abajo se encuentra con retazos de historia que a pesar del paso del tiempo parecen imposibles de olvidar. Alemania no es la excepción. A esta Alemania en donde se funden todas las razas y colores, donde todos los adelantos están a la orden del día, en donde un campeonato de fútbol sirve de excusa para cambiar definitivamente una pincelada triste que le persigue al compás de su frase símbolo: "es tiempo de hacer amigos" y a este Berlín, su capital, no le faltan lugares para recordar lo peor que le puede pasar a un pueblo: La guerra. En esta ciudad increíble se levanta reconstruido tal cual era el Reichstag, incendiado intencionalmente para dar lugar a la revuelta nazi antes de la guerra. Aqui sigue tan oronda con su majestuosidad de piedra y bronce la Puerta de Brandemburgo, símbolo de la capital y de Alemania la que fue mudo testigo del paso bajo sus arcos de los uniformes de la Wersmarcht, los SS, las AS y toda la parafernalia de los desfiles de una época negra. Con la dignidad de los elegidos soportó la ignominia del muro segregándole un tercio de su humanidad o disfrutó la algarabía del pueblo alemán cuando volvieron a darse un abrazo el este con el oeste. Todo bajo la mirada impertérrita de Victoria, la diosa que guía la famosa cuadriga que la corona. Y ahí está luciendo su castigada pero orgullosa humanidad para regocijo de cuanta cámara de fotos o video le apunte sin compasión. No muy lejos de ella se levanta el monumento en homenaje a los 300.000 soldados soviéticos muertos en la batalla por la toma de Berlín. Un infante con uniforme de época corona un alto pedestal construido con piedras de los restos del bunker de Hitler, lo que sin duda fue elegido a propósito para rodear al monumento de un particular simbolismo, el victorioso por encima del vencido. No muy lejos los turistas se estremecen al ingresar a uno de los sitios que todavía conmueve y que más de sesenta años atrás fuera la sede de la Gestapo y los SS. Hoy es un baldío que han dejado tal cual quedó luego de los bombardeos sobre la ciudad y la posterior demolición de lo que quedaba en pie. Se le denomina " La topografía del terror" ya que piedras y tierra entre los que se levanta y enreda la maleza torna irregular el terreno, el que es lindero con restos del muro que dividió la ciudad por años y que se ha mantenido como recordatorio el que unos metros más abajo muestra una serie de compartimientos, aparentes sótanos, los que han sido ambientados con cuanta foto pueda imaginarse. Ahí están las de todos o casi todos los que fueron torturados.