Síndrome del día después

CARLOS GALLO

Tras dos series de penales del tenis (tie-breaks) Andy Murray se unió a la lista de ganadores de Cincinnati, imponiéndose en la final a un apático Novak Djokovic, aquejado por el "síndrome del día después".

Luego de una gran victoria como la de "Nole" en semis ante el nuevo "1" del mundo, "Rafa" Nadal, viene un afloje, que se traduce frecuentemente en caída. Así, luego de ver el mejor Djokovic el sábado, donde no le dio ninguna oportunidad al español, vimos una versión muy deslucida del serbio el domingo.

Siempre se mostró más sólido el escocés, que luchaba contra su rival y sus propios nervios afrontando su primera final de un torneo de Serie Masters, y esto se vio cuando Andy sacó para el partido y cometió dos doble faltas que permitieron el quiebre del serbio y la segunda definición rápida. Ahí, aprovechando esa pose abúlica de Novak, siguió siendo más seguro y se lo llevó merecidamente.

Murray es un sobreviviente: cuando era niño, un psicópata entró en su escuela en Dumblane, Escocia, mató a 16 niños y al profesor, antes de suicidarse. Andy pudo salvarse gracias a que se escondió en la oficina del director. Cuando se le pregunta al respecto dice no recordar nada de lo sucedido.

Junto a Del Potro y al letón Ernest Gulbis, son los mejores representantes de la nueva generación del tenis.

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