BEIJING | EDWARD PIÑÓN
Ahí va, impulsado como un torpedo.
El estadounidense Michael Phelps dejó muy atrás a sus rivales para conquistar anoche su tercera medalla de oro y pulverizar el récord mundial de 200 metros libre.
Phelps fijó el crono en 1`42"96 rebajando su anterior marca mundial de la especialidad (1`43"86)
Ahí está, formando una ola en la piscina para "ahogar" a los rivales, y adelantándose casi dos segundos al surcoreano Park Taehwan, que fue plata con 1`44"85, y al estadounidense Peter Vanderkaay, que fue bronce con 1`45"14.
El "Tiburón de Baltimore" continúa con esta victoria su carrera hacia los ocho oros en Beijing.
Es el magnífico Michael Phelps, el mismo que de niño le tenía miedo al agua y que terminó refugiándose en una piscina para no oír las discusiones de sus padre.
posta. El día antes, había logrado colgarse casi de milagro la segunda presea dorada, con la fuerza de sus compañeros de relevo, que se impusieron en la última brazada con récord mundial incluido: 3`08"24.
La presión no lo asusta. Le gritaron de todo cuando entró a la piscina y él no se sale de su concentración. Enchufado a la música de Eminem estira, limpia el cubo y después se prepara para hacer delirar al mundo.
Parece de otro planeta y si hay alguien que merezca una definición tan imponente como la que tuvieron las estrellas que no hace mucho tiempo contrataba el Real Madrid de España, no hay duda que es él. En realidad, el apodo de "galáctico" debió comenzar con el nadador más completo que haya dado este deporte.
Es cierto que para ganar el segundo oro precisó de la inmensa colaboración de sus compañeros Garret Weber-Gale, Cullen Jones y Jakson Lezak, pero algo parecido pasó con Mark Spitz en 1972 cuando logró la gesta de siete medallas doradas en los Juegos de Munich.
Además, con diferencia a lo que sucedió en aquellos Juegos, Phelps prácticamente no descansa. Compite en todo lo que tiene en frente y no lo hace dedicándole poco esfuerzo. Por el contrario, después de ganar un oro volvió a la piscina para meter un nuevo récord olímpico en otra especialidad. Un monstruo.
A ver, en la posta 4x100 no hizo el mejor tiempo, porque lo superó el australiano Eamon Sullivan con 47"24 (récord mundial) contra sus 47"51, pero ningún otro nada con tanta carga de competencia.
Por si fuera poco, hay una señal de que estos Juegos pueden ser los más relevantes de la historia en el mundo de la natación: la suerte está del lado de Phelps. Francia parecía que se llevaba el oro, porque llegó al último tramo con un registro de 2`21"59 contra los 2`22"18 de Estados Unidos y sin embargo en final la mano del estadounidense Jason Lezak tocó la piscina con una diferencia de 8 centésimas de segundo con el francés Alain Bernard.
Si en el fútbol eso es considerado la suerte del campeón, acá van a tener que adoptar esa frase hecha como la "suerte del rey olímpico".
Lo mejor es que después de la posta siguió asombrando, porque horas más tarde volvió a tirarse al agua para la serie de los 200 mariposa. Allí dio la última vuelta con una desventaja sobre el brasileño Kaio Almeida (1`24"54 contra su 1`25"01), pero se acordó que era el "Tiburón". La historia del grande se come al chico.
Fijó un récord olímpico, con 1`53"70, para bajar el que él mismo había logrado en Atenas 2004.