JOSE GALLO
Los aplausos comenzaron en la Sala Velatoria de la empresa Carlos Sicco, en la Avenida Rivera.
El eco de los mismos retumbaba contra los edificios aledaños y los óminubos de la empresa Coetc que bloqueaban el paso por esa calle desde Bulevar Artigas hasta Juan Paullier.
Eran cerca de las 13.30 pero en esa zona céntrica de Montevideo no había el ruido usual de un lunes a mediodía. Las bocinas de los autos que se encontraban con Rivera bloqueada, el sonido de los motores de los ómnibus encendiéndose, todo estaba tapado por los aplausos de unas 200 personas que se encontraban frente a la puerta de la empresa velatoria.
Sin embargo, estos no celebraban ni ovacionaban. Mostraban el reproche ante un acto que la totalidad de los que aplaudían aún no podían comprender. Censuraban un nuevo acto de violencia. Homenajeaban a un hombre que había tocado las vidas de varios de los que aplaudían, con una de las muchas facetas de la suya.
En medio de la multitud estaban los familiares más cercanos de Héctor Da Cunha, el hincha de Cerro asesinado el sábado frente al Hospital de Clínicas por un "grupo de personas identificados con los colores de Peñarol".
Así describió a los criminales uno de los tantos que siguieron el cortejo fúnebre desde la sala velatoria hasta el Cementerio del Norte, apenas llegar a destino.
"Esos no son hinchas de nada y les importa un h... el club. Lo que querían era matar", comentaba entre las callecitas del cementerio, mientras veía la llegada de la carroza fúnebre y los demás coches del cortejo.
SEPELIO. Poco a poco la zona donde enterrarían a Da Cunha se fue cubriendo del color bordeaux de las camisas de sus compañeros de Coetc (allí era guarda) y del celeste de las camisas de otras empresas de transporte (Da Cunha era también secretario de finanzas de la Asociación de Cooperativas de Transporte).
Junto a ellos estaban varios integrantes del plantel de Cerro, además de directivos y de su presidente, Mortimer Valdéz, quienes fueron desde el entrenamiento de la mañana directamente hacia el cementerio.
Además había vecinos, familiares, amigos e incluso algún hincha de Cerro que ni siquiera conocía en persona a Da Cunha y que se acercó hasta el cementerio para acompañar el dolor de los más allegados al difunto.
TESTIGOS. En medio de todo esto estaban Natalia Dimartino y Damián. La esposa y el hijo de Da Cunha. Testigos directos de lo que pasó en esa parada de ómnibus frente al Clínicas el sábado.
Bajaron del auto en el que acompañaron la carroza fúnebre, observaron durante varios minutos el cajón, uno al lado del otro.
Si bien estaban rodeados de cientos de personas, decenas de las cuales los abrazaban y besaban intentando estar más cerca de ellos en este momento, parecían estar tan solos como en la parada el sábado de tarde.
Casi no pronunciaron palabra en la media hora que duró el entierro y apenas si por un momento despegaron la mirada del cajón. Mientras en Natalia se podían ver las marcas de casi 48 horas de sufrimiento, trámites, declaraciones e identificaciones, Damián parecía, al igual que otros muchos de los que estaban allí presentes, no entender aún qué fue lo que ocurrió.
VOCES. Las palabras que no querían desahogar a Natalia salieron de la boca de compañeros de Da Cunha. "Fue un padre ejemplar, un gran compañero del sindicato, un hincha de Cerro que dio todo por el club"; "tuvo respeto por todos, el mismo que no tuvieron con él", fueron algunas de las frases que acompañaron el momento en que el féretro era colocado en la tumba.
"¿Dónde está el ministro ahora?" y "¿por qué no le muestran estas imágenes a los dirigentes, que les dan las entradas y la plata para la droga a los hinchas?" (a los periodistas), fueron palabras que sacudieron la impotencia.
Otras voces consolaron esos gritos y el silencio ganó ese sector del Cementerio del Norte, aunque todavía retumbaba el grito de "hasta la victoria siempre", con el que se había despedido a Da Cunha.
Esta vez no hubo victoria.
Todo Cerro estuvo en el sepelio
"Un enfermo comete un acto inenarrable, inentendible y mata un padre de familia, un trabajador, que era hincha de Cerro, pero eso pierde importancia a esta altura. Lo mata por tener un distintivo, pero daba lo mismo el cuadro por el que simpatizara".
El presidente de Cerro Mortimer Valdéz describía así el acto en el que Héctor Da Cunha era asesinado. Acongojado y en representación de la institución de la que era hincha la víctima (aunque también había otros directivos) Valdéz saludó a los familiares de Da Cunha y acompañó hasta el final del sepelio. Además se refirió a las palabras de Eugenio Figueredo, en las que el presidente de la AUF comentó que "no se puede realizar el fútbol con estas amenazas permanentes, sería una irreverencia ponernos a jugar al fútbol con esto. Tenemos que darnos cuenta de que esto está en el CTI". "Me parecen correctas las palabras de Figueredo, pero ojalá que las garantías existan cuando volvamos a jugar y no que las cosas queden otra vez en la nada", dijo Valdéz.
En el Cementerio del Norte también se encontraban varios de los integrantes del plantel de Cerro, que fueron del entrenamiento directo al Cementerio. Mathías Richero fue uno de ellos y explicó cómo vivían este momento: "me enteré ayer (domingo) de mañana y no lo podía creer. En la práctica no hablamos de fútbol, sólo de esto que pasó y sentíamos que teníamos que estar acá, acompañando a la señora y al hijo en lo que podamos. Ya nos pusimos a su disposición para lo que necesite, pero no sé en cuanto podamos ayudar en un momento así".
Junto al volante se encontraban Diego Godín, Alvaro Meneses, Robert López y otros jugadores del primer equipo cerrense, quienes saludaron a los familiares de Da Cunha (incluso el hermano les agradeció su presencia en el lugar) pero Richero, además, vivió un momento especial.
"Me crucé con el hijo un momento antes y no sabía qué decirle, pero fue él el que me saludó. Me dijo ‘Richero’ y me conmovió la entereza con la que vive este momento", contó.
Tristeza
ironia
SAD (triste en inglés) 2571 era la patente del auto que cargaba con las coronas y demás flores que acompañaban a la carroza fúnebre. Nunca más acorde que ayer para describir el momento que se vivía en el Cementerio del Norte.
solo
Uno de los cientos de hinchas de Cerro que se acercaron al entierro de Da Cunha, lo hizo vestido con la casaca del club.
interminable
La caravana de buses (de Coetc y Ucot) fue impactante. Y se hizo interminable. La larga fila siguió al cortejo fúnebre desde la casa mortuoria hasta el Cementerio del Norte.
denunciado
El hincha aurinegro Teodoluz (17) que se encuentra grave tras haber sufrido una herida de arma blanca tras el partido Peñarol y Cerro, participó días atrás de un incidente con otros parciales en 8 de Octubre y Avenida Centenario. Este joven fue denunciado ante la Justicia, declaró y quedó en libertad, informaron fuentes policiales a El País.
Arrepentido
Por otro lado, un "barra brava" de Peñarol, que no quiso dar su nombre por "temor a represalias", dijo saber quién es el nexo entre la hinchada y la dirigencia aurinegra.
Apoyo
A su vez, en la página web manya.page, editada por los hinchas aurinegros, se editorializa con los hechos acaecidos fuera del Centenario. Y se acusa de "enfermos mentales" a los autores del crimen. Quieren que el Consejo Directivo done las próximas recaudaciones de Peñarol a la viuda de Da Cunha.