SILVIA PEREZ
No fue fácil para los jugadores de Nacional conciliar el sueño después del partido que empataron, casi hazañosamente, frente al Santos. Marco Vanzini no fue la excepción y recién se durmió después de hacer zapping un buen rato con el televisor y de dar muchas vueltas en su cama de la concentración de Los Céspedes: "me habré dormido como a las tres de la mañana y a las 8:45 ya nos llamaron para hacer el trabajo regenerativo. Lo que pasa es que cuando hay tanta euforia cuesta que se vaya".
—¿Hablaron entre ustedes sobre lo que habían vivido?
—Sí, cuando llegamos del Estadio, en la cena y en las habitaciones. Conversamos sobre cómo se dio el partido y lo que habíamos dado vuelta. En la cancha no nos dimos cuenta, pero cuando uno se tranquiliza, más en frío, se pone a pensar en lo que logró. Fuimos siempre abajo, con dos goles de diferencia, estaba liquidado y lo revertimos contra el Santos, ¡que es el mejor equipo de Brasil!
—¿Sos consciente que difícilmente puedas volver a jugar un partido como ese en tu carrera?
—Creo que sólo dentro de unos años nos vamos a dar cuenta de la oportunidad que tuvimos. De haber podido jugar un partido con esas características. Con los años nos vamos a acordar de este 4 a 4 y se nos va a erizar de vuelta la piel.
—¿Qué sentías cuando los rivales te pasaban y no podías pararlos?
—Una gran impotencia. Tienen cuatro o cinco jugadores a los que no hay con que darles. Son rápidos y superiores futbolísticamente, entonces lo único que queda es la fuerza anímica. En el segundo tiempo quedé solo en el medio, porque O.J. pasó como lateral por izquierda y Eguren se fue a la derecha. Se me complicó mucho, pero traté de no bajar los brazos ante la adversidad.
—¿Pero es algo que te aflora naturalmente, o algo que habían planeado?
—Lo habíamos hablado. Ya sabíamos que del medio para adelante son mejores y más rápidos que nosotros. Es el equipo campeón en el fútbol campeón del mundo, pero no podés entrar a la cancha pensando que porque son superiores no les podés ganar. Entonces, cuando te dejan un espacio, con tus armas, las pelotas quietas o divididas hay que tratar de aprovechar. El empate se consiguió sólo a fuerza anímica. Tuvimos una reacción psicológica que es muy difícil de tener. Sólo un equipo que esté muy bien en lo mental puede lograrlo. Cada vez que conseguíamos algo, nos cortaban la ilusión. Para superar eso, hay que tener una fuerza espiritual que no creo que muchos equipos puedan tener.
—Se habló mucho, ¿no?
—Nosotros teníamos que llevar el partido a lo que más nos convenía. Si no podíamos jugarles fútbol a fútbol, había que llevarlos al terreno que les doliera más.
—¿Qué se dijeron?
—(Se ríe) No, eso no te lo puedo contar, pero de todo. De todo. Cosas muy fuertes. Tratamos de que bajaran las revoluciones. Decirles algo, o hacerles sentir la pierna fuerte y el roce, son mañas que hay que usar cuando el rival es superior. Hay que buscarle la solución si a fútbol no podés con ellos.
—Ellos llegaron a Brasil quejándose de que hasta los mordieron.
—Yo no mordí a nadie, pero hubo de todo.
—¿Qué importancia tuvo el apoyo de la gente en el Centenario?
—Mucha. La gente sacó los pañuelos y fue espectacular. Nosotros les trasmitimos a ellos desde la cancha y ellos a nosotros desde la tribuna. Es recíproco. Sin el apoyo de la gente en momentos claves, no hubiera sido posible. Es muy importante esa energía que baja desde las tribunas.
—¿Crees que se puede dar en la revancha?
—Ellos saben que no les va a ser fácil. Se fueron con el ánimo por el piso y nosotros lo tenemos allá arriba. Ahora son locales y no va a ser fácil, pero si pasan 20 minutos y no consiguen un gol, van a sentir la presión de su público y está en nosotros sacar ventaja de eso. Habrá que poner la bañadera.(Se ríe) No, en serio, depende de como se de el partido.
"Eso es falso, lo demostré"
—¿Cómo te sentís jugando sólo la Copa?
— Yo quiero jugar todo, pero si me pongo a analizar entre los dos torneos, perfiero jugar estos partidos de la Copa que te dan mas prestigio que lo local. Yo tengo una asignatura pendiente en el club: ganar algo a nivel internacional. Yo fui campeón uruguayo, en cambio tengo la ilusión de ganar una Copa Libertadores o una Sudamericana. En ese sentido soy un privilegiado.
—¿Sos frágil físicamente?
—Eso es falso y lo demostré muchas veces. Obvio que cuando uno juega dos partidos en una semana, lo siente, pero puedo hacerlo. Ya lo comprobé. Sin ir muy lejos, jugué contra los bolivianos y con Plaza en Colonia. ¿Y las finales con Danubio, entonces? Se jugaban miércoles y domingo. No tengo problemas para jugar, pero el técnico opta por jugadores que están más recuperados y Nacional tiene plantel para jugar así.