SILVIA PEREZ
Media hora después de que terminara el partido frente a Wanderers que había cosagrado a Nacional como campeón del Torneo Apertura, en Los Céspedes no había prácticamente nadie. Hasta la cocina estaba desierta. Esta vez, Carmen, la cocinera, no había preparado la clásica merienda para esperar a los jugadores. No estaban los platos repletos de queso y dulce de membrillo, ni las galletitas, ni las jarras de licuado de frutas, ni el yogurt. Es más, ni ella estaba.
Es que esta vez Carmen había ido al partido. Había estado en el Parque Viera, disfrutando de la victoria, sentada a un costado del propio Hugo De León.
Eso sí, la mujer volvió antes que los jugadores a Los Céspedes en el auto del intendente Cono Olano. Por el camino habían parado a comprar algunas vituallas. Esta vez la merienda de los jugadores constaría de sandwiches, alguna cerveza y unas cuantas botellas de champagne. Incluso antes de que llegaran los futbolistas, que tenían previsto salir prácticamente, de la cancha directo al ómnibus y de vuelta a la concentración pero no pudieron cumplir con lo planificado debido al acoso de periodistas e hinchas, Olano salió de la cocina con un balde de hielo y varias botellas de champagne rumbo a las habitaciones de los jugadores. Lo gracioso era que el balde de hielo era de los de lavar el piso, que esta vez, repleto de hielo, cumplía otra función.
POCO A POCO. En eso, la tranquilidad del solitario paraje fue interrumpida por una moto con un hincha y su hijo que llevaban una bandera de Nacional. Miraron hacia Los Céspedes, pero al no ver a nadie siguieron de largo y regresaron un poco más tarde. Al rato apareció un hincha solitario, subiendo el repecho del camino Berger, al tiempo que hacía ondular una enorme bandera tricolor cual portaestandarte en carnaval.
De a poco, se fueron acercando más hinchas. Los parciales, la mayoría vecinos que se acercaron en bicicleta o a pie, comenzaron a agolparse en la entrada de Los Céspedes aguardando la llegada de los campeones.
COPA. Por fin, a las 18:30 horas apareció el ómnibus que traía al plantel. Apenas se detuvo bajó el "Loco" Abreu con la enorme copa en la mano. Se metió con ella en la cocina a saludar a los funcionarios y lo mismo hizo la mayoría de los jugadores. Ruben Sosa se abrazó con varios de ellos al tiempo que le gritaba a Aníbal Arbelo, el ayudante de De León: "¡Te das cuanta, hace dos meses que estamos y ya somos campeones!".
Los jugadores siguieron para el fondo rumbo a las duchas. Allí, en los dormitorios los esperaba el champagne y hacia allí salieron desde la cocina las fuentes con sandwiches. Esta vez la merienda fue diferente, digna de campeones.
¡Alo!
CELULARES
El cuarto árbitro en el Parque Viera tenía dos celulares, con los que se comunicó con sus colegas del Estadio Franzini y el Estadio Jardines del Hipódromo, para que cada uno de los tiempos de los tres partidos comenzaran a la misma hora.
RESPETO
Ni bien terminó el cotejo en el Parque Viera, Sebastián Eguren se mandó hacia adentro del túnel. En el vestuario explicó que "por respeto a Wanderers sentí que no debía festejar".