La llegada de Marcelo Tinelli como vicepresidente levantó los espíritus de los hinchas de San Lorenzo que desesperan por cualquier señal de un futuro mejor.
Tinelli, segundo al mando detrás de Matías Lammens, frenó rápidamente algunos supuestos: "San Lorenzo no necesita de un mesías que ponga dinero. Yo creo que le puedo aportar trabajo, gestión, contactos y no eso, porque el club tiene recursos y no necesita que nadie ponga plata".
Sanear a la institución de Boedo será una tarea ardua, pero hacerlo y mantenerla en Primera es un problema aún mayor.
"Me soplaron a todos los jugadores que quería", declaró antes de esta temporada el entrenador Ricardo Caruso Lombardi, quien dirigió al equipo en la Promoción de este año, donde sobrevivió al descenso al eliminar a Instituto de Córdoba.
Sin embargo, el recuerdo es pasado. Carusso cobra mucho para un club empobrecido y su verborragia y arrebatos ya cansan dentro del vestuario y en las tribunas del Nuevo Gasómetro.
"(La gente) nos apoyó en el torneo pasado porque el equipo contagiaba, pero ahora no nos apoya porque el equipo no les da nada", declaró Caruso. "A los hinchas les pido que no insulten a los jugadores durante el juego, que esperen hasta el final del partido".
Lammens mandó callar a su entrenador, pero éste es difícil de contener. Su último acto fue suspender a José Luis Palomino y Pablo Alvarado luego de que los jugadores tuvieran un entredicho frente a Vélez.
San Lorenzo tiene un promedio de 1.190 que lo ubica 16° en la tabla del descenso, delante de San Martín, Unión, River e Independiente.