Los futboleros que hoy tienen entre 30 y 40 años se criaron con familiares que de forma cotidiana comentaban en los almuerzos o en los asados de fin de semana las gestas logradas por el fútbol uruguayo. Los títulos de Copa Libertadores de los grandes o esos equipos que salían de memoria que hasta hoy pueden recitar en pocos segundos.
Ustedes podrán acreditarle las razones a lo que consideren lo más adecuado: lo económico, lo social, lo político, lo deportivo. Pero año tras año vemos cómo el hecho de que un equipo uruguayo pelee una competencia internacional es casi una utopía. No se puede negar que hay casos de éxito -más allá de no levantar el trofeo- pero siguen siendo escasos y ya son 38 los años que pasaron de la última consagración.
Y esto, más allá de los colores porque incluso podría aplicar para la selección uruguaya que en los últimos 40 años ganó tres veces la Copa América, se convirtió en moneda corriente.
Es cierto que alrededor se potencian, pero también hay que seguir de cerca lo nuestro para no descuidarlo, para poder fortalecerlo y para que vuelva a ser lo que alguna vez fue. Si no, ¿de qué les vamos a hablar nosotros a los niños del futuro?