LOS HECHOS DE 2021
Fortaleció a Peñarol, además de representar un paso enorme hacia la clasificación, y golpeó a Nacional
Cuando la bolilla del sorteo de la Copa Sudamericana indicó que habría clásico, todos comprendieron que sería un partido que dejaría su marca. No solo porque se trataba de la primera vez que el viejo duelo de los grandes del Uruguay se jugaba en el siglo XXI, sino también (y más) porque era un cruce de eliminación directa. Esto indicaba que uno festejaría y el otro saldría golpeado. En un país donde hasta los clásicos de verano cuentan, el partido por la Sudamericana se volvió una fecha señalada para ambos rivales.
Todavía sin público se enfrentaron el 15 de julio en el Gran Parque Central. Ganó Peñarol 2-1 y dejó encaminada su clasificación por el valor doble de los goles de visitante. De hecho, en la revancha, el 23 de julio en el Campeón del Siglo, se impuso Nacional 1-0 pero no le alcanzó para cambiar el destino de la serie.
Lo ocurrido en el juego de ida había resultado muy influyente. Aquella noche, Peñarol tuvo un gran rendimiento, confirmando lo mostrado en varios de los partidos anteriores por la Sudamericana. Puede decirse que el triunfo afianzó la idea de Mauricio Larriera y comenzó a convertirlo en el favorito para la temporada local.
Además, el primer gol asentó a Agustín Canobbio, que a partir de entonces asumió un papel clave en el equipo. Y el segundo mostró las aptitudes de Valentín Rodríguez, una proyección que su lesión detuvo por ahora.
Para Nacional, en cambio, la derrota representó un golpe duro. Ya sobrevolaban las dudas por las campañas en la Libertadores y el Apertura, pero el clásico inicial de la Sudamericana agravó la situación. Alejandro Cappuccio fue cuestionado por la estrategia elegida para el encuentro y su crédito se achicó considerablemente, al punto que tres semanas más tarde fue cesado. Llegó en su lugar Martín Ligüera, pero Nacional nunca terminó de levantar vuelo en lo que restaba de la temporada.