La voz de la conciencia

Equilibrado, de perfil bajo, Ildo Maneiro volvió a Danubio, atrás del altivo y osado Juan Ramón Carrasco

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"Me tiene sorprendido, che. Es un obsesivo del trabajo; para el partido con Peñarol, se pasó observando y resumió, ¡doce horas de videos! Además, vos lo ves de afuera y decís: `Este loco es puro vértigo, ir al ataque…` y no; está en esa, pero también en la otra: si no sale, pausa y de nuevo a elaborar la jugada".

Ildo Maneiro fue el año pasado a la sede de Danubio,"porque pensaba jubilarme", en busca de una constancia formal de su trabajo como técnico del club al que en 1988 sacó -por primera vez en su historia- campeón uruguayo, y en 1989 llevó a las semifinales de la Copa Libertadores; "pero, aunque todos fueron muy amables, como siempre, nadie me dijo nada".

AMIGO. Esto con Juan surge por un proyecto que tenía Carrasco para desarrollar algo y, por un amigo en común que tenemos, me invitó a participar, como queriendo potenciar el entorno de Juan; pero no era para Danubio especialmente. Llevábamos 15 días y un domingo que tuvimos una reunión en la que empezamos a armar la gente que él pensaba incorporar al grupo de trabajo, surgió lo de Danubio. En principio, en su proyecto yo iba a ser como un coordinador, que me iba a interiorizar sobre su filosofía de trabajo y hacer que se cumpliera en todas las divisionales; pero como Danubio no podía involucrarse en todo ese proyecto, él lo acomodó a Danubio, y quedó que yo estuviera a su lado, porque Juan consideraba que yo tenía un perfil más bajo y podía ser un buen complemento para su impronta, para todo lo que él hace".

Así, entonces, Maneiro volvió a Danubio. Como "complemento" de Juan Ramón Carrasco. Al fin y al cabo, como jugadores -porque fueron dos típicos "10", de clase- tuvieron puntos de contacto: "Él era mejor definidor, tenía mejor dribbling, y hacía goles de tiro libre, pero los dos éramos buenos pasadores. Era como que disfrutábamos, más que haciendo el gol, generando la situación de gol. En eso éramos bien iguales". Y, después de todo, es justo en Danubio, donde es posible hallar otra señal de convergencia -ya como técnicos- entre ambos.

DISNEY. "Aquel equipo (1988) atraía a todos. Era una fiesta cuando Danubio iba a jugar a un barrio, y en el estadio fue impresionante, tuvo actuaciones memorables; y cada vez que Carrasco va al estadio, van 40.000 personas. River hizo partidos bárbaros. En la forma de ver el fútbol coincidimos totalmente: entrar mirando el arco contrario, entrar con la premisa de hacer todo para intentar ganar, así sea contra los más pintados".

Al Danubio del 88, Atilio Garrido lo bautizó en las páginas de El Diario como "los pibes de Walt Disney", porque jugaba y gustaba; encantaba. Con otras características, diferentes como las personalidades de Maneiro y Carrasco, el fútbol que desplegó aquel cuadro de Zeoli, el "Pecho" Sánchez, Moas, Ruben Pereira, "Pompa" Borges, "Polillita" Da Silva y Dalto, fue un auténtico antecesor del "tiqui-tiqui" que "JR" patentó con Fénix y River Plate años más tarde. Por eso, tal vez, a alguien ahora se le ocurrió juntarlos: "Él (Carrasco) desarrolla el trabajo de campo, mucho, mucho táctico, y eventualmente yo me hago cargo de las tareas defensivas, de pelotas quietas, de hacer cumplir cosas específicas de posicionamiento, de balance, a lo que yo le doy mucha importancia, porque eso es lo que facilita que él pueda desarrollar toda su propuesta atacante. Nosotros miramos videos de partidos anteriores de Danubio, y se habían tomado muchos goles por el afán de resolver desde atrás los problemas que había adelante. Hasta ahora no hemos tenido sobresaltos de que nos agarraran mal parados cuando estamos atacando".

PAJONAL. Este es otro Danubio, claro; con aquel del 88 hay algo más que distancia de años: "El club hoy tiene mejores posibilidades de infraestructura. Profesionalmente es un club muy crecido, aquello no era garra y corazón, pero más o menos. Cuando llovía, había que ver en qué baldío entrenábamos, e íbamos a un pajonal que había allá por (la base aérea) Boisso Lanza; pero era otra época, de todo el futbol uruguayo". Así que también por eso parece un lugar ideal para encontrarse con Carrasco: "El tema en lo que propone Juan está en la velocidad que se le imprime a la pelota para aprovechar la técnica de los jugadores en carrera. Es interesantísimo; porque él (Carrasco) es insistente en la transformación de esa apatía del fútbol uruguayo, de mucho toque, de mucha pausa, de esperar `abajo`, porque sabe que lo otro se puede lograr, y en eso también trabaja, porque no todo es vértigo: es vértigo cuando se puede, y cuando no se puede, es también control de la pelota".

Ante la desprejuiciada inconciencia estratégica -o táctica- de la que muchas veces ha hecho gala "JR" en materia atacante, la de Maneiro suena como la voz de la conciencia, que recuerda la importancia del equilibrio, el balance; como lo demuestra de cara al partido contra Nacional: "Tienen un peso muy fuerte en la velocidad de los punteros, el peso de los físicos en el área nuestra, gente muy experiente, y tienen al `Chino`, que está en un momento impresionante. Nos va a dar un trabajo bárbaro, pero trataremos de tener cero falta cerca del área para evitar el peligro de la ejecución del `Chino`; lo demás es optar por controlar a los receptores o cortar el juego del `Chino`. Una u otra, pero la idea es sorprender. Seguramente, vamos a sufrir; pero vamos a intentar ganarles".

GENIO. "Dicen que los genios son locos; y... bueno, Juan tiene cosas de genio. Siempre que me invitaban a charlas dije: `El jugador con más condiciones para haber sido un monstruo, ¿quién fue? ¿Francescoli? ¿Sosa? Carrasco. No se dio; en el momento que él podía, capaz que no quiso, y capaz que cuando quiso, no podía". Ildo Maneiro. La voz de la conciencia en el Danubio de Carrasco.

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