El fútbol, no sólo el uruguayo, sino tomado en forma genérica, como tampoco únicamente Rampla Jrs., Nacional, Flamengo de Río de Janeiro, Cerro y Central Español, que -además de la selección- fueron los clubes donde jugó entre 1958 y 1972, está de duelo.
Ante el fallecimiento de un ex jugador, parece -o es- una frase hecha y, por eso casi una falta de respeto; pero no lo es en el caso de Jorge Manicera.
Es que pocos zagueros -sobre todo derechos, aunque en una época en la que no daba igual jugar en uno u otro de los puestos centrales de la retaguardia su exquisita técnica le permitió hacerlo "back" izquierdo con idéntica solvencia- interpretaron el fútbol como él, respetando la esencia lúdica del juego.
Quizá, incluso, Manicera pagó cierto precio, o peaje, por eso: reconocido, admirado, y respetado -por ejemplo- hasta por la gente de Peñarol, pese a su identificación con Nacional, llegó desde Rampla Jrs. a lares tricolores, tras una puja ganada a los aurinegros por su transferencia, pero no se impuso tan rápida ni concluyentemente como podía suponerse.
En una década -la de los 60, como también los 70- donde el fútbol tuvo mucho de "guerra", el estereotipo del zaguero uruguayo era el del defensa fuerte, férreo, fiero, que con tal de sacar la pelota de su área, podía tomarse la licencia de "reventarla" para donde fuera.
Además de encontrar en Nacional a una sólida pareja de backs como la que formaban Troche y Emilio Álvarez, a Manicera lo fue frenando que su estilo era la antítesis de eso: precisión quirúrgica para marcar y quitar la pelota, pulcritud extrema para salir jugándola con cadenciosa elegancia aún en situaciones de sumo riesgo, y tanta firmeza como justeza para -pese a su físico espigado, alto pero delgado- imponerse en el juego aéreo.
Por ese motivo, cuando en en 1962 se fue Troche, el compañero de "Cococho" en el fondo tricolor pasó a ser el corpulento Elgar Baeza; es que Manicera, con sus moñas, tacos y chilenas ensayadas a veces no como recurso sino de exprofeso, deleitaba a los hinchas propios y ajenos, pero a los primeros les ponía los nervios de punta por su fútbol hasta temerario para un zaguero, aunque no se recuerde que a Nacional le hayan convertido algún gol por esa faceta de su juego.
No en vano empezó a ser titular indiscutido en el 63, cuando a Nacional lo dirigió un brasileño: Zezé Moreira; y, además del 67, también lo fue en 1966, cuando el técnico fue un chileno: Fernando Riera.
Tampoco, quizá, en definitiva, haya sido casual que Manicera fue dos veces campeón uruguayo (63 y 66) de las tres con las que Nacional dejó su huella en una década que le resultó adversa.
Fue un jugador respetable y respetado, no sólo por prestancia física y futbolística, una categoría poco común de zagueros uruguayos, dentro de la cual debe haber sido el heredero -no sólo en Nacional- del Raúl Pini que brilló en los 40.
En épocas de "vacas flacas", jugó seis clásicos por el Uruguayo y perdió sólo uno, pese a que tuvo a los Rocha, Spencer, Joya, Silva y Sasía enfrente; y resultó pilar indiscutible de la selección en el Mundial de Inglaterra.
Murió Manicera. El fútbol, pues, está de duelo; aunque sea una frase hecha y, por tanto, parezca una falta de respeto.
La cifra
22
partidos jugó Manicera en la selección; cuatro de ellos fueron por el Mundial de 1966.
Forlán: "Clase `A`, era pura calidad"
"Era un clase `A`, pura calidad. Gran categoría. Por algo no sólo jugó de zaguero, también de volante y lateral derecho. Sin ser rápido, tenía una precisión que le permitía llegar siempre con gran "timing" en la marca. Fuimos rivales; pero, sin vernos mucho, teníamos gran amistad, pues fuimos compañeros de selección. Yo era más joven y me me dio muchos consejos".
Urruzmendi: "Lo afilaban, pero..."
"Yo fui ayer (lunes) a verlo a la Española. ¡Increíble, parece que nos hubiérsmos despedido! Él nunca fue muy expresivo, pero me abrazó y me dijo: `Cuando salga, vamos a comer un asado en casa`. Como jugador fue irrepetible, porque era técnico, pero fuerte y, aunque lo afilaban con eso de que era técnico, yo jugué 5 años con él y nunca le ví hacer una cag..."