La industria de autopartes

De contragolpe. Jorge Savia

lgunos —los más— se van. Algunos —los menos— vienen. Y unos cuantos, también, van y vienen de un lado para otro, sin pasar por acá, muy lejos de la realidad actual del fútbol doméstico, seguramente más lejos en cantidad de dólares que en la propia distancia que separa al país de los lugares en donde están jugando.

Esa es la realidad. Más que un mercado de pases, es una Zona Franca, donde "la mercadería" —que no es el futbolista, sino su ficha, fundamentalmente por lo que vale, o por lo que se paga— parece estar, aún en los medios más poderosos, y a los efectos de la estabilidad que tiene el corazón del hincha y que debería tener la vida de cada uno de los equipos para adquirir el funcionamiento y rodaje más adecuados, siempre en tránsito.

Hasta no hace mucho ese panorama constreñía las posibilidades de preparación y afiatamiento de la selección. Hoy el tema se ha trasladado también a los cuadros. Ahí están los casos más palpables de Carrasco, Carreño y Diego Aguirre. Al primero se le van Munúa, el "Pato" Sosa, Taborda, Hornos y Cristian González, y por ahí le vienen al país Carini y Magallanes, que por estar en el exterior no había estado en sus planes. ¿Qué hace? Y mientras al segundo se le puede terminar yendo no sólo la dupla completa —Abreu y Juárez—que fue autora del 35% de los goles que metió su equipo en la primera mitad del año, sino también el arquero que le puso candado al arco tricolor durante casi todo un campeonato, al tercero le llega Chilavert con el prioritario propósito comercial de promocionar las emisiones televisivas del fútbol urguayo fuera de fronteras con una cara que tenga mayor "marketing", pero se le va a ir Pacheco, y la promesa de contundencia que significaba la posibilidad de incorporar al goleador del Torneo Apertura se le escapó como agua entre las manos.

El fútbol uruguayo, entonces, es lo que en la industria automotriz representa el armado y venta de autopartes. Produce jugadores en serie. De calidad individual comprobada. Pero esa es la meta. Vender partes, no autos. Y así es difícil —muy difícil— armar un equipo. O una selección. En Europa hay un ejemplo muy claro de eso: Holanda.

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