La esperanza de dos clubes pobres

| La deuda de Huracán asciende a dos millones de dólares; esperan un gerenciamiento salvador

JOSE MARIA BELLO

Hace muchos años el barrio que luego le daría el nombre al club Villa Española vivía una época de bonanza.

La mayor usina de trabajo de la zona era la empresa Funsa, donde se trabajaba en tres horarios y las chimeneas estaban siempre humeantes. Junto a ella se encontraba la cancha del C.S.D. Villa Española. Los vecinos, en su mayoría empleados de la fábrica, paraban en la cantina del club y, aunque la cosa no estaba para tirar manteca al techo, un pesito en el bolsillo siempre había para tomar una grapita mientras se jugaba al truco.

En el Buceo, en una zona próxima a la costa, existía otro club de similares características que el Villa, con un duro camino recorrido para llegar a la Primera B. Ese club, Huracán Buceo, provocó en el año 1968 la mayor eclosión realizada por un club chico. En los barrios Malvín, Punta Gorda, Buceo y hasta Carrasco predominaban los colores negro, rojo y blanco que identificaban al club. No había árbol, ni columna, ni pared que se salvara de esa ola pictórica que llevó adelante la muchachada del barrio. Cuando jugaba el "Hura" una caravana de camiones, ómnibus y autos salía rumbo a la cancha y frente a ella, como estandarte, iba la mascota del club personalizada por la figura del Topo Giggio.

El club jugó en 1968 la final del campeonato de la B en el Estadio Centenario frente a Bella Vista ¡con 70.000 personas en las gradas!, récord imbatido entre dos equipos menores.

EL FIN. Todo ha cambiado después de 35 a 40 años. Funsa estuvo cerrada durante décadas y "la piqueta fatal del progreso" se quedó con la cancha del Villa mientras que malos negocios o malas gestiones directrices pusieron en alerta roja a Huracán Buceo.

Al comienzo de la presente temporada ambos equipos no comenzaron la actividad. Villa Española por no poder afrontar la deuda que mantenía con la AUF y con los jugadores y Huracán Buceo decidiendo dar un paso al costado por no tener financiada la temporada.

Ante todo, es bueno reconocer que la actitud de ambos merece destacarse, ya que, sobre todo el equipo de la playa, bien pudo comenzar el campeonato y, como otros, no pagar y después ver lo que pasaba.

VILLA ESPAÑOLA. La situación de Villa Española es diferente. Su actual presidente, Nelson Ramírez, manifestó a El País que no le tembló el pulso a la hora de tomar la determinación de no participar en el campeonato profesional, pero que eso no significó que haya bajado los brazos, al contrario: "Salimos a pelear con más fuerzas y con la mira puesta en poder retornar lo antes posible a la competencia".

El "Villa" es un equipo que carece de ingresos genuinos, pues tuvo que dejar libres a los jugadores y se le cerró una posibilidad de ingreso con la venta de alguno de ellos. "Las cuotas sociales casi ni existen y las recaudaciones son deficitarias", añadió Ramírez. Pese a esa situación, un grupo de hinchas se juntó para poner en marcha las divisiones inferiores, para que por lo menos los pibes del barrio tuvieran donde jugar, pero sabían que, aparte de ser bastante oneroso el mantenimiento, —unos $ 25.000 por mes sólo por gasto de jueces y policía— el jugar en un club donde no hay competencia a nivel superior, no motiva y hace que la juventud tome otro rumbo. "Nosotros hemos sufrido esa situación que es lógica, pero pese a ello no bajamos los brazos y estamos compitiendo, aunque también es cierto que si no encontramos una solución de fondo esto va finalizar", agregó Ramírez.

EL FUTURO. El principal objetivo de la dirigencia de Villa Española es volver a jugar, aunque no sea fácil. Actualmente tienen un pasivo —entre lo que adeudan a la AUF y a los jugadores— que ronda los 35.000 dólares. Los dirigentes esperan el golpe de fortuna que puede ser la transferencia de un jugador y eso que este club ya lo tuvo porque vendieron a Marcelo Guerrero al empresario Pablo Bentancur en U$S 320.000. En ese momento el presidente de la institución era Walter Loureiro, actualmente vinculado a Uruguay Montevideo, quien en una asamblea de socios fue expulsado de la institución. "Nadie sabe muy bien a donde fueron a parar los dólares llegados por el pase del ‘Colorado’ Guerrero, pero lo cierto es que no están y que lo único que han quedado son deudas", dijo el actual titular.

Los dirigentes están jugados a lograr un gerenciamiento que les permita volver a la actividad. "Creo que estamos por el buen camino y quizás antes de lo esperado podamos cerrar algún negocio de ese tipo", agregó Ramírez, quien conoce muy bien las dificultades existentes, las deudas y la falta de jugadores para poder negociar, pero cree tener una solución a corto plazo. "Tenemos cifradas esperanzas en que Racing argentino pueda vender a Guerrero y allí nosotros tenemos que recibir un porcentaje por el derecho de formación. Si eso acontece, hemos calculado que la cifra a recibir será muy similar a lo que le adeudamos al plantel y a la AUF".

Los viejos hinchas del "Villa" son conscientes de la situación y colaboran para poder salir adelante. En su estadio, el Obdulio Varela, se está realizando el mantenimiento imprescindible y además se han hecho arreglos, algunos por roturas hechas por la hinchada de Rampla que nunca fueron pagas y otros que exigió la Intendencia; en estos días quedará nuevamente habilitado. Además, la institución posee canchas de fútbol donde estaba su viejo estadio y allí se están terminando de construir los vestuarios para que puedan jugar la divisiones inferiores.

HURACAN BUCEO. Diferente es la situación del equipo de la playa. No comenzó la actividad este año por no tener financiada la temporada, pero lo grave es el elevado pasivo, que alcanza a los dos millones de dólares.

El club no tuvo en los últimos tiempos una directiva integrada en su totalidad. Pese a que se realizaron diferentes llamados a presentación de listas, nadie quería hacerse cargo de un club que está tan mal económicamente. Finalmente, se llevaron a cabo las elecciones donde se presentó una lista encabezada por Mario Migues, quien será, hasta fin de año, presidente del club. Migues ya fue presidente hasta el año 1984.

"Debido a la difícil situación por la que está pasando el club, hubiera sido mezquino de mi parte no aceptar este regreso. Sé que llego en un momento donde existe un gran pasivo, no estamos compitiendo y hay notoria falta de organización", manifestó Migues.

Para un club como Huracán Buceo deber esa cifra parece algo desmedido. No es fácil deducir cómo se pudo llegar a ese pasivo. "Lo que menos influencia tiene en ese déficit es el fútbol, ya que allí sólo está lo que se le adeuda al ex técnico Alvaro Regueira (unos 30.000 dólares) el resto son pasivos generados en su mayoría por el Complejo Deportivo".

El futuro de Huracán Buceo está comprometido, pero el nuevo presidente se tiene fe. "Acá llego con dos premisas: en cuanto a lo deportivo tratar de volver a jugar en la próxima temporada; sin ser presidente, hace unos meses le metimos mano a las divisiones juveniles y logramos que pudieran competir, aunque para hacerlo hubo que pagar una deuda que había con los técnicos. Ahora veremos cómo hacemos para competir en Primera, creo que la única solución es lograr un gerenciamiento, somos conscientes que no será fácil porque lo único que tenemos para ofrecer son las instalaciones, el estadio y algunos pibes de la cuarta, pero vamos a hacer lo que esté a nuestro alcance para lograrlo. El otro tema que queremos solucionar es el del pasivo, debemos hablar con los acreedores para negociar", agregó Migues.

Se sabe que entre ellos está el presidente de la AUF, Eugenio Figueredo, hombre nacido en esa institución. "Eugenio ha sido uno de los hombres que más ha colaborado, cuando había un problema iban a él y siempre le encontraba una solución, por eso quiero desmentir lo que han dicho en un programa de televisión en cuanto a que él había presionado para cobrar la deuda, es una gran infamia", culminó expresando Migues.

CONCLUSION. Si bien la situación tanto patrimonial como económica es muy diferente, ambos clubes, según sus presidentes, tienen un único camino para volver a competir: el gerenciamiento. Ambos tienen poco para ofrecer, porque lo más importante para esos inversores son los jugadores y no los tienen. Tampoco tienen un panorama halagüeño para revertir la situación, ya que la mayor fuente de ingresos (¿o la única?) que tienen las instituciones es la venta de jugadores.

En los últimos tiempos, además de Villa Española y Huracán Buceo, desaparecieron Colón y Alianza.

Ya no alcanza con la buena voluntad de los dirigentes, la convocatoria del barrio, ni la colecta antes del partido.

Los tiempos cambiaron, los números no dan y si no se encuentra otra solución la lista rápidamente se engrosará.

El Interior como un paliativo

Alvaro Viega es un jugador de 22 años que ha jugado en varios equipos de Uruguay en divisiones juveniles. Hace un par de años estuvo a punto de debutar en la primera de Villa Española, pero se lesionó y no pudo ser.

Es uno de esos casos de jugadores que pese a que añoran jugar no pueden hacerlo si no le pagan, ya que lo necesita para comer. "Viendo que acá la cosa estaba complicada conseguí una vinculación y logré arreglar en Piriápolis, donde gano bastante más que cualquier jugador que cobra por lo que aporta Tenfield y además me pagan por semana".

Alvaro eligió y dejó de lado la fama de la capital por la seguridad del cobro que le da el interior.

La terrible realidad de los números

Un equipo de la Segunda División Profesional para jugar un partido, de gastos fijos —como ser jueces, policía y porteros—debe abonar aproximadamente unos $13.000.

Según el acuerdo con la Mutual de Futbolers Profesionales, el sueldo mínimo de los jugadores, este año, es de $5.345.

Por lo tanto, sólo en Primera División, si juegan dos partidos como locatario, tendrán un gasto fijo de $26.000. Además a ello hay que sumarle el pago de sueldo a los jugadores: si todos jugaran por el salario mínimo el club debería abonar $ 106.900. Sumado eso a lo gastado por jueces, porteros y policías, hace un total de $132.900.

Como contrapartida, la entrada de dinero genuina que tienen los clubes es lo que aporta Tenfield por el contrato de televisión, cuya suma asciende a $ 26.500 por mes.

En consecuencia, sin contar el sueldo de técnicos para todas las divisionales, preparadores físicos, médicos, kinesiólogos, gastos de inferiores que rondan los 2.000 dólares por mes, jueces y policías para las inferiores, mantenimiento del estadio, agua, luz y otros gastos, ya hay un déficit de $106.400.

Rápidamente surge una pregunta ante estos datos: ¿De dónde sale la plata para abonar todos los otros gastos del club?.

Quedó cruzado de brazos

Para el técnico Alvaro Regueira no tiene explicación que un jugador como Christian Núñez, lateral derecho, se haya quedado sin jugar y esté entrenando con la Mutual. El País fue en busca del jugador para conocer la versión de la actual situación.

"Tuve algunas ofertas para jugar, pero no me convencieron. Por ejemplo, el Atenas de San Carlos me quería, pero aunque estuviera entrenando y jugando recién me empezaban a pagar en junio o julio y yo gratis no juego. Por otro lado, lo de Huracán me perjudicó mucho, ya que aparte de deberme seis meses de haberes (los dirigentes dicen que no le deben a los jugadores) me avisaron que no jugábamos casi sobre la hora".

"Me deben demasiado"

"Fue una pena que el plantel se haya desmembrado, ya que había proyectos de jugadores muy interesantes, pero cuando las cosas no se hacen bien el camino es uno solo.

En lo personal creo que he sido más que complaciente, ya que me deben siete meses del año 2003 y todo el año pasado.

Creo que ha llegado el momento de ponerse a hablar para encontrar una solución, sino ya sé lo que va a pasar: el año que viene consiguen volver a jugar, se va a trancar por mi deuda y me van a querer hacer responsable.

Negociar, negociamos ahora, después no".

(Alvaro Regueira ex técnico de Huracán)

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