Festejen uruguayos, festejen

Opinión | Miguel Alvarez Montero

El lector ya lo sabe: a esta hora Uruguay está o no está en Alemania. Este periodista no lo sabía en momentos de escribir esta columna porque en Australia los horarios andan peleados con los cierres de nuestro diario.

Y aunque la futurología es una ciencia nada exacta y sumamente arriesgada cuando lo que se va a leer ya tiene una definición, igual la podemos practicar, porque —como en los laboratorios— si uno mete en una probeta una cantidad de elementos conocidos, más o menos sabe lo que de la misma puede salir.

Y si en el laboratorio celeste combinamos la convicción del técnico, la férrea unión del grupo de jugadores, los antecedentes de invencibilidad en los últimos partidos de visitante, la recuperación de la mística celeste, el apoyo de cinco mil uruguayos en las tribunas dispuestos a hacer tanto o más ruido que los australianos, la virgen de Lourdes que es amiga de Fossati, la polenta de dos zagueros implacables como Montero y Lugano, la magia de Recoba, la fe que transmite el Chengue, el gol de ventaja de Darío Rodríguez, las manos bendecidas de Carini, la rica historia futbolística celeste y la ausencia de historia australiana, tenemos una sola resultante: ya estamos en Alemania.

La ventaja del lector que ya sabe el resultado es que —si por esas cosas la probeta falla— puede tomar esta columna como una absurda lista de elementos que resultaron inútiles y la futurología nos habrá engañado. Pero algo nos dice —y es mucho más que un pálpito— que Uruguay ya está en el Mundial. Así que festejen, uruguayos, festejen.

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