Es jueves, dan el equipo y Facundo Balatti escucha su nombre entre los titulares. No había estado en el once el día anterior y venía de una semana particular. La confirmación tuvo un sabor especial y a los 17 años iba a ser titular por primera vez en Primera División con Danubio.
“Me enteré cuando dieron el equipo. Habíamos hecho fútbol el miércoles y no estuve en el 11, venía de un golpe en un amistoso contra Peñarol que me dejó afuera una semana por una conmoción cerebral”, comentó el lateral derecho. La reacción fue inmediata. “A los primeros que les conté fue a mis padres. Tengo a mi papá en Salto y a mi mamá en Maldonado”. Del otro lado del teléfono recibió el mensaje que necesitaba. “Mi padre me dijo que me quede tranquilo y que canalice los nervios a mi favor. Mi madre, más de lo mismo”.
Su esfuerzo y el sacrificio de su familia:
Detrás hay una historia que explica su presente. “Mi madre fue presidente de un club en Salto y mi padre jugó en el fútbol de interior. Están juntos, pero viven separados”. A los 14 años a Facundo le surgió la chance de Atenas de San Carlos y la familia tomó una decisión fuerte. “Siempre fue la idea... quieren apoyarme en todo, que me sienta contenido y que el día de mañana no diga que no tuve apoyo”, manifestó Facundo.
El sacrificio es tangible. Su madre se instaló en Maldonado y su padre continúa en Salto. La distancia se hizo rutina; el esfuerzo y el reconocimiento también. “Mi madre está haciendo el sacrificio de estar lejos de toda su familia, conmigo acá y con mis dos hermanas y mi papá también porque está solo en Salto. Lo valoro mucho. Creo que sin ese apoyo yo no estaría donde estoy. Yo me iba a venir con 14 años, soy muy de extrañar y creo que eso me ayudó a poder estar contenido”.
Balatti nació futbolísticamente en Salto. Allí jugaba como extremo y compartió selecciones departamentales con Nicolás Azambuja, que hoy es su compañero, y otros nombres de su generación como Agustín Dos Santos y Mateo Caballero, que también hacen sus primeras armas en Nacional y Defensor Sporting.
El paso desde las formativas no lo tomó por sorpresa, aunque sí lo desafía. “Vengo trabajando hace muchos años para este momento. Trato de mantenerme con humildad, no marearme, estar contenido con mi familia y con mi representante, que conozco hace años y quiero mucho. Con mi psicólogo también. Trato de no pensar en el futuro, vivir el presente y disfrutarlo. Más que nada ser feliz que es lo más importante”.
La experiencia en juveniles también le enseñó a manejar la frustración. “Todo pasa cuando tiene que pasar. Me ha tocado quedar afuera de un Sudamericano y tuve mi revancha, por así decirlo. El fútbol siempre da revancha, hay que saber levantarse y estar fuerte de la cabeza y siendo humilde, que es lo que te va a llevar a lograr grandes cosas”.
Esa mentalidad también la reforzó en la selección. Integró la Sub 17 y fue sparring de la mayor. “Fue una experiencia divina, de las más lindas que me tocó vivir en el fútbol. Estar con jugadores que idolatraba y compartir entrenamientos y meriendas fue impactante”. Uno de los que más lo marcó fue Ronald Araujo: “Me llamó para que le tire centros y él despejara. Me sorprendió la humildad. Lo veía entrenar y es muy laburador, es lo que más admiré”.
En lo futbolístico, el cambio más fuerte lo sintió en lo físico. “No es lo mismo estar jugando contra gente más grande, que son adultos ya, con experiencia, a estar jugando con gurises de mi edad”. Por eso se preparó. “Pasé un verano entrenando todos los días para no quedar atrás físicamente. A la hora del cuerpo a cuerpo queda mucho por trabajar porque estás chocando con gente más grande y yo tengo 17. Trabajar es lo que va hacer que eso se iguale día a día”.
Aprender: con el ídolo de maestro y compañero de viaje
Diego Monarriz, su entrenador, fue claro en el mensaje. “Me dio mucha confianza, los consejos en el día a día, el mensaje que te llega es muy bueno. Me dice que pase, que aproveche la velocidad, que es lo que a mí me hace ser lo que soy. Que no pare de correr en todo el partido básicamente”, comentó entre risas. “Nos dan mucha confianza a los jóvenes y son muy exigentes a la hora de entrenar, nos ayuda a aprender. Cuando entramos a la cancha nos liberan”.
En ese proceso de adaptación, hay un nombre propio que aparece una y otra vez. “La verdad al referente y que tengo hasta como ídolo te diría, es Camilo Mayada, es un crack en todo sentido. Los consejos que me ha dado. Voy a entrenar con él y la verdad no tengo palabras para describir lo que me ha apoyado”.
Comparten el viaje desde Maldonado. “El día previo al partido hablamos mucho, tuvimos que ir al hotel primero y después al estadio. Yo trato de que me aconseje, me quiere mucho y yo lo quiero mucho a él”, confesó Balatti, que rescata lo más valioso. “Son consejos en general, desde la experiencia que tiene él, que no me desespere, que todo pasa y todo pasa cuando tiene que pasar. Me contó su carrera y ciertos errores de los que quizás se arrepiente, porque uno siempre se arrepiente de cosas, para que a mí no me pase lo mismo. Es lo que más valoro, fuera de lo futbolístico”.
Mayada también lo ve superarse. “Me pone contento ver el crecimiento que tuvo”, señaló a Ovación. Y valoró especialmente “los buenos hábitos que tiene, cómo escucha, le gusta aprender”. Además destacó a la familia: “Sé del esfuerzo familiar, cómo llegó a vivir a Maldonado… El esfuerzo de la madre y el padre viviendo a distancia, la verdad que se merece él y la familia todo el premio que ojalá le va a llegar a Facu en su carrera. Espero que en muchos años adelante cuando me lo cruce, pueda felicitarlo por una gran carrera que seguro va a hacer”.
Camilo le lleva 18 años a Facundo y el juvenil le saca el jugo a la confianza entre los dos. “Trato de copiar todo lo que hace Mayada. Obviamente es un referente que tengo y estar en el día a día con él me hace intentar querer ser como él. Va a ser el mejor maestro que pueda llegar a tener”, reconoció Balatti.
Juego intenso, mente fría y objetivo claro
Empezó como extremo, pero cuando llegó a Atenas empezó a jugar de lateral. Hoy se define así: “Trato de copiar todo lo que hace Mayada. Obviamente es un referente que tengo y estar en el día a día con él me hace intentar querer ser como él. Va a ser el mejor maestro que pueda llegar a tener”. Y agregó: “Para describir mi juego te diría que es un juego muy intenso, que me gusta mucho lo ofensivo y en la marca es fuerte”.
Danubio lo eligió como figura del último partido y en las redes sociales algunos hinchas comparan su aparición a la de Josema Giménez, pero Facundo, con una madurez sorprendente, es más medido y tiene claro sus objetivos. “Para este año lo más importante es mantenerse. Es como dicen todos: no es difícil llegar, lo difícil es mantenerse. Tener la mayor cantidad de minutos y poder ir al Sudamericano Sub 20 que es en enero del próximo año”.
Cuando baja la intensidad con la que juega, vuelve a lo simple. “Estar con mi familia tomando mate en casa, mirar una película. Lo que más me gusta es salir con mi perro, es cachorrito y lo aprovecho”, contó Facundo, que se las ingenia con el tiempo para seguir estudiando: “No es que me va muy bien, pero lo llevo tranquilo y a mi tiempo”. Salto sigue presente, aunque a la distancia. “He perdido el rastro con muchas amistades, los amigos más cercanos que tengo, están acá en Maldonado y por parte del fútbol tengo muchas amistades también”.
A los 17 años, Facundo Balatti ya sabe que el fútbol no se sostiene solo con talento. Hay trabajo, kilómetros y una familia que decidió dividirse para acompañarlo. En cada avance por la banda derecha hay algo más, el deseo de responder a ese esfuerzo y demostrar que el sueño, cuando se construye en equipo, es más fácil empezar a hacerlo realidad.
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