SILVIA PEREZ
Alejandro Lembo, el capitán de Nacional, fue de los primeros en salir del vestuario. Ya no tenía la camiseta, iba de short, con la mochila en la espalda y con la enorme copa en la mano rumbo al control antidopaje. Llevaba todo el cargamento porque de allí se iba directamente para su casa, y como hace siempre, se llevaba lo copa consigo. "Esta es la séptima que levanto. La séptima en tres años y medio que hace que estoy en Nacional no es un mal promedio, ¿no?", comenzó diciendo con una enorme sonrisa. Y explicó: "me llevo la copa y la tengo unos días en mi casa. Lo hice con la primera y luego se hizo una costumbre. A esta altura es una especie de cábala".
—¿Te sentís un privilegiado por haber levantado tantas copas?
—Sí, he tenido la suerte de levantar siete. Diría que tengo mucha suerte, porque llegué a un club donde encontré compañeros excepcionales.
—Hoy se complicó, ¿no? ¿En algún momento pensaste que no iban a poder dar la vuelta?
—No...nos sirvió que se haya complicado, porque gracias a eso pudimos reaccionar. El equipo entró chato, sin la actitud necesaria.
—¿Subestimaron al rival?
—No, para nada, pero estábamos más ansiosos por que terminara el partido que por jugarlo y ellos lo aprovecharon bien. El segundo gol de Deportivo Maldonado nos dio la reacción a nosotros, y por suerte tuvimos tiempo de dar vuelta las cosas.
—A pesar de que tenés solo 25 años, sos, junto a Vanzini y Munúa, una especie de símbolo para la hinchada, un jugador referente, clave. ¿Cómo lo vivís?
—Muy bien, lo disfruto, lo mismo que el capitanato. Los tres años fui capitán. Es algo muy importante, pero no hay que asumirlo como un peso, sino como un disfrute que muchos quisieran tener. Uno, es mi viejo y como él, la mitad del país quisiera estar en mi lugar. El capitanato me lo dio Hugo (De León) en el año 2000 y no me lo sacaron más. En realidad, si me preguntás a mí la razón, no podría responderte. Habría que preguntarle al Hugo y también a Carreño.
—Los últimos tiempos no han sido fáciles para ustedes. El año pasado con los problemas económicos y este con lo de la inhabilitación de Abreu, la pelea entre Eguren y Vanzini, y hasta lo de O’Neill. Sin embargo, no dejan de salir campeones.
—Todas esas cosas al grupo lo hacen más fuerte. Es según cómo se tomen y en este grupo se toman positivamente. Nos podemos insultar y decir de todo dentro de la cancha, hemos tenido peleas, pero lo llevamos todo para el lado positivo y suma. De repente, muchas de nuestras peleas y discusiones son porque todos queremos jugar, y eso es bueno. En este grupo todo sirve para sumar.
—Salir campeones a dos fechas del final y con 9 puntos de diferencia con el tradicional adversario no es poca cosa. ¿Cómo se hace para tener los pies en la tierra y pensar en la segunda parte del año con tranquilidad?
—Hay que encarar las cosas siempre con la misma mentalidad. Mentalizarse y salir a a la cancha en cada partido a derribar rivales, después eso de a poco, se va transformando en un campeonato.