JOSÉ GALLO EN PARAGUAY
Esa pelota que Cavani mandó a la red a los 50` fue mucho más que un gol, mucho más que el "corte de cinta" que inauguraba la primera victoria celeste, luego sellada por Figueroa y cuestionada, sólo un momento, por el golazo de Moreira.
Significaba todavía más que tres puntos vitales para que Uruguay siguiera en carrera y viera el resto del torneo de otra manera. Es una inyección de confianza para un equipo que necesita de ella para jugar en su mejor nivel.
No obstante, los de Ferrín mejoraron más cosas que la obvia efectividad que le dio los goles que tanto necesitó, y erró, con Venezuela.
Ayer, después de diez minutos de imprecisiones, de muchas imprecisiones, la celeste borró a los once de amarillo que había en el campo. O al menos a diez, ya que Caicedo complicó durante el primer tiempo, y tuvo tres oportunidades para anotar.
Parecía una repetición de lo que se vio con Venezuela, pero con una diferencia significativa: no había nerviosismo por necesitar el empate.
Y así, impulsado por Cáceres, movió el balón de izquierda a derecha, buscó con Surraco, buscó con Cavani, y hasta buscó de afuera, aunque con mala puntería.
El segundo tiempo mostró la mejor cara de Uruguay. No porque mejorara más en su manejo, no porque la actitud fuera diferente, sino porque encontró el arco.
Por fin, luego de 137` de sequía, Cavani marcó el primer gol de Uruguay en el torneo. Merecido, buscado, cortejado como una amante esquiva que después de muchas frases y serenatas finalmente dio el sí. Llegó con un desborde, ley primera de este sistema de juego. Fue de Figueroa, quien intercambió posiciones con el 9 danubiano, desequilibró por izquierda y puso un centro preciso que Cavani mandó a la red.
Los de Ferrín aprendieron del error que cometió Argentina el lunes, cuando anotó, le regaló el balón a Ecuador y lo pagó caro.
Los celestes siguieron atacando, presionando y aprovechándose de un muy mal juego del rival.
Hasta que llegó la "promoción Domínguez". Lo hizo con Argentina, lo repitió con Uruguay y así, un cabezazo sin pretenciones de Figueroa, muy alto y débil, se transformó en el segundo gracias al error de cálculo del golero, que se pasó en la carrera y ya no tuvo tiempo de regresar.
Cavani abrió un camino. Cortó una cinta. Uruguay entró en el camino rumbo a Asunción.