Cuando el juez Roberto Silvera pitó el final del partido se desató la locura. Los suplentes corrieron hacia el medio de la cancha. La Colombes se vino abajo agitando pañuelos blancos. Marcelo Gallardo se juntó con sus ayudantes Matías Biscay, Hernán Buján y Pablo Rodríguez. Entre los cuatro hicieron una ronda abrazados y saltaron como cuando aún usaban los cortos.
Luego el técnico levantó su brazo izquierdo saludando a los hinchas de la Platea América y se encaminó hacia el túnel. En eso vio al "Cacique" Medina y caminó hacia él. Los dos se estrecharon en un gran abrazo. Después bajó rápidamente las escaleras del túnel y desapareció.
No se lo vio en el vestuario y cuando sus jugadores llegaban a Los Céspedes él ya estaba en el aeropuerto pronto para tomar el avión hacia Buenos Aires.
Es que el hombre que logró su primer título como entrenador tenía que cumplir su rol de padre. Sus hijos tenían la fiesta de fin de año en el colegio y el "Muñeco" no podía fallarles.
¿Cómo iba a fallarle a sus hijos si nunca lo hizo con sus jugadores? Los defendió y creyó en ellos. Aún cuando las cosas no salían. Cuando los resultados no se daban. Cuando los dirigentes quisieron reforzar una defensa que no funcionaba y él respaldó a su plantel. Una tarde en Los Céspedes los juntó a todos en la mitad de la cancha y les dijo: "No se preocupen, acá no viena nadie". Y cumplió.
Gallardo es uno de los grandes responsables en la obtención del Apertura. Porque siempre fue fiel a su forma de entender el fútbol. Y no se apartó jamás de ella. Ni siquiera tras la 7a. fecha, cuando después de perder con Bella Vista, el último de la tabla, estuvo en la cuerda floja.
Ayer igualó a Daniel Pasarella y a Leonardo Astrada. Ambos salieron campeones al debutar como técnicos en el equipo en el que se retiraron; pero el "Muñeco lo hizo de este lado del Río de la Plata.
Ganador. Salió campeón tres veces con Nacional; ayer fue como DT.