"No sé cómo accedí a esta entrevista, pero bueno, ahora ya estás acá y no hay mucho por hacer”, le dice al periodista en tono de broma Ariel Krasouski (67), el exjugador y exentrenador que hoy se dedica (y desde hace ya mucho tiempo) a la representación de un grupo reducido de futbolistas, aunque advierte que está cada vez más cerca de dejar y pasarle la pelota a sus hijos.
No solo no le gusta salir en los medios. Tampoco le apetece ser el protagonista, porque entiende que los jugadores son los verdaderos personajes de esta historia del fútbol que lo acompañó toda la vida y que lo llevó a compartir vestuario con Diego Armando Maradona en Boca Juniors. De San José, Ariel tiene dos grandes virtudes: siempre fue muy respetuoso y humilde. A pesar de la molestia de los periodistas, nunca deja de responder un mensaje, aunque no pueda brindar una información o no tenga mayores novedades. Acompaña a sus jugadores en todo y tuvo épocas en las que incluso compartía con ellos eventos familiares. No agarra la representación de más futbolistas -más allá de varios pedidos que recibe- porque entiende que no le podría dar la atención que ellos necesitan. Si entabla diálogo con una familia, enseguida se da cuenta si le gustaría trabajar con ese jugador, pues para él los valores son fundamentales a la hora de entablar un vínculo.
Quizás sea visto como sapo de otro pozo por su forma de trabajar en un mundo extremadamente complejo, en el que se mueve mucho dinero, y en el que en ocasiones se pierde la perspectiva en pro de la codicia. Pero para Ariel Krasouski en el fútbol las cosas son claras: tiene que ser un mundo de códigos, donde la palabra vale y donde uno siempre tiene que estar tranquilo con uno mismo.
“Arranqué en esto de la representación porque dejé de dirigir. No quería ser más técnico aunque había tenido un buen comienzo y recién empezaba”, inicia la charla con Ovación en su apartamento de Pocitos y dice claramente que le dolió una actitud de quien era el presidente de Wanderers (Walter Devoto) que lo había contratado y que de un día para el otro, sin previo aviso, lo sacó del cargo cuando ni siquiera se había despedido de los jugadores. También había conducido a equipos como Tacuarembó, Danubio y Liverpool. “Me cansé de los dirigentes y de los representantes. Estábamos en equipos que no teníamos ni para comprar agua y me venían a ofrecer jugadores por doquier y yo, me habré equivocado o acertado en alguno, pero siempre llevé los jugadores que yo pensaba que me iban a dar resultados. No llevé nunca a un jugador porque era de fulano o porque me lo ofrecía el mejor representante del Uruguay. Si no me servía, le decía que ‘no’. Y no les gustaba eso, me di cuenta, mi ida de Wanderers fue por eso, porque le dije que ‘no’ a un representante importante por un futbolista y me echaron como un perro. Me enteré que no era más técnico de Wanderers y yo había entrenado a la mañana, me despedí del plantel para encontrarnos después de las vacaciones. Y ya estaba echado”.
Fue en ese momento donde Krasouski se replanteó su trabajo y empezó a representar futbolistas. Pero no a cualquiera. “Tengo un perfil bajo porque considero que es lo mejor. Si yo hubiese querido, podría tener cantidad de jugadores, porque a mí me conocen los padres aunque por ahí los jóvenes no saben ni quién soy. Muchos me han ofrecido jugadores para que les represente a los hijos, pero siempre dije que iba a tener poquitos y que iba a actuar no como lo que yo viví cuando yo fui entrenador, que andaban llamando a los DT para meter los jugadores, porque es normal, si tenés 60 futbolistas, es muy difícil conseguirle club a todos, por eso lo ofrecen y los meten a presión a los equipos. Jamás llamé a un entrenador para decir que yo tengo un jugador y que le puede servir. Si les sirve me llaman ellos o los dirigentes, y ahí lo coloco al futbolista. Nunca quise tener más de 10 jugadores, porque después es imposible, no podés atenderlos, tenés que dejarlos de lado. Tampoco tengo el berretín de ser el número uno”.
Esta época del mundo de la representación es muy diferente a lo de su etapa de futbolista, cuando siendo un volante fue transferido directamente de Wanderers a Boca sin escalas: “Norberto Salvo hizo mi transferencia. En ese momento era el único que había. Llevaba jugadores uruguayos a Argentina. Era un señor, un tipo sensacional. De él aprendí muchas cosas, pero era otra época. Ahora hay más representantes que jugadores”.
Ariel explicó parte de lo que implica ser empresario en el fútbol: “Es una profesión que si te va medianamente bien hacés diferencia, que antes no era explotada. Hay de todo, es una profesión linda porque estás vinculado al fútbol, seguís con los jugadores, estás cerca. Es cierto que está mal vista, porque todo el mundo le echa la culpa a los representantes. Gracias a Dios hace años que estoy en esto y una sola vez hubo una pequeña discusión por un jugador conmigo, pero fue un tema de que el club no actuó bien con el jugador y él se fue (Guzmán Corujo de Nacional). Trabajo con mis dos hijos, que con ellos vamos a mirar partidos de juveniles, tengo una persona en Italia (Vicente Casella) que, estando allá, visita a los jugadores cuando precisan algo”.
Krasouski está con ganas de dejar y darle más lugar a sus hijos. “Ya está. Ya cumplí mi etapa, y soy así. Cuando era futbolista dije ‘hasta acá llegué’ y chau, y no sufrí. Después era entrenador, estaba bien y disfrutando hasta que dije ‘no trabajo más’, junté a mis hijos y les dije”.
Diego Laxalt fue de sus primeros jugadores, igual que Jhon Pírez, un chico que lo compró Chelsea con un futuro bárbaro, pero que se rompió la rodilla practicando con la selección Sub 17 y lo empezaron a seguir las lesiones, hasta que abandonó el fútbol definitivamente. Luego se sumó Mariano Rubbo, que jugó en Defensor y en Criciuma de Brasil. Y así Krasouski fue sumando jugadores, como Agustín Rogel, Guzmán Corujo o Patricio Pacífico, el actual defensa de Defensor Sporting.
“Yo miro más a la familia que al jugador. Si hay un futbolista que juega bien, que me gusta, converso con la familia, y si me parece que ellos tienen otros pensamientos, otros proyectos, no lo agarro por más bueno que piense que sea”, puntualiza Ariel mientras habla siempre mirando a los ojos al periodista y con un tono lento pero convincente, sentado en un sillón amplio en un apartamento de pocos adornos y fotos, pero todos muy significativos.
Krasouski no firma contratos con los jugadores que representa, confía en el respeto y en la palabra: “Ellos saben lo que yo gano. Cuando hay una transferencia nos sentamos y le digo claro todos los detalles económicos. Si el jugador está de acuerdo bárbaro, y si no, buscamos otra cosa; la decisión la tiene el jugador siempre”.
El presente de Diego Laxalt y el interés de los dos grandes
Diego Laxalt tiene 32 años, y desde mitad de este 2025 está libre tras haber estado más de cuatro años jugando en el Dinamo Moscú. Jugó mucho tiempo en la selección uruguaya, pero también en el Inter de Italia y en el Milán. Es uno de los grandes atractivos que tiene el actual mercado de pases. “Es un jugador sano, no ha tenido lesiones graves, pero el año pasado sufrió dos o tres lesiones menores que no le permitieron jugar como lo hace siempre. Incluso estuvo convocado para la selección y las dos veces que le dijeron que viniera él terminaba los partidos y justo se había lesionado. Todos los extranjeros se habían ido del equipo cuando empezó la guerra con Ucrania, Diego se quedó, el club le reconoció eso hasta con un premio económico, tenía muy buena relación y el DT quería aprovechar su cupo de extranjero. Es por eso que a mitad de año rescindimos en buenos términos el contrato; justo rescindió cuando ya los clubes estaban armados y en pleno campeonato, por eso quedó libre”, explica Krasouski sobre la situación del polifuncional que puede jugar en cualquiera de las posiciones de la banda izquierda y de doble cinco, como lo hizo en el último tiempo en Rusia.
Laxalt hace 12 años que está en Europa, y más allá de que viajó a Uruguay, la idea que tiene es seguir jugando en el Viejo Continente, pero está abierto a analizar ofertas. Rechazó una posibilidad de Irán hace algunas semanas atrás, y tanto Nacional como Peñarol han preguntado condiciones por él.
Sobre los otros jugadores que representa, Guzmán Corujo termina contrato con Deportivo Cali ahora, Agustín Rogel tiene vínculo hasta junio de 2026 con Hertha Berlín y han llegado varios sondeos por el defensa Patricio Pacífico.
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