Se cumplían 50 años de la primera Copa del Mundo y Uruguay, su primer ganador, tuvo la idea de conmemorarlo organizando la Copa de Oro, un torneo en el que participarían todos los campeones del mundo hasta la fecha. Un acontecimiento de tal magnitud debía tenerlo todo, incluyendo una mascota especialmente creada para la ocasión.
Fue así que el dibujante Heber Pintos Britos, un uruguayo que residía en San Pablo, ideó un indiecito charrúa dominando la pelota. Los organizadores fueron por más y decidieron buscar un niño que fuera su representación humana y ayudara en la promoción del evento.
Washington Cataldi, por ese entonces presidente del Club Atlético Peñarol y además organizador de lo que también se conoció popularmente como Mundialito del 80, tenía su candidato. Había un niño de 6 años que desde hacía un tiempo venía saliendo a la cancha con el plantel de Peñarol. Así lo había hecho durante todo 1978 de la mano de Fernando Morena, el goleador aurinegro.
“Mi padre me tiró a la cancha con un año y monedas”, recuerda Diego Schaffer (49 años) sobre sus primeras experiencias como mascotita en el club de sus amores. “Era la mascota de Morena hasta que se fue a España. Después seguí con Ruben Paz, con Venancio Ramos...”, agrega en diálogo con Domingo.
Eso llevó a que en 1979 se convirtiera también en la mascota de la selección uruguaya juvenil que ganó el Sudamericano Sub-20 y estuviera además en algunos partidos de la selección mayor. “Empecé a generar una atención particular porque mi ingreso era frecuente”, apunta.
Fue algo natural entonces que lo eligieran para ser el indiecito del 80 y que comenzara así un raid promocional del que, a pesar de su corta edad en ese entonces, guarda varios recuerdos.
“Me acuerdo que era un nene que lo llevaban para todos lados para hacer publicidad o promociones. Me sacaron cien millones de fotos”, cuenta de sus giras por el interior del país o de su presencia en la Hostería del Parque de San José, donde concentraba la selección.
También recuerda lo famoso que era en la escuela (estaba en primer año). “Llegaba al Elbio Fernández y era todo un alboroto porque yo era ‘nuestro compañero la mascotita’”, dice.
En la Copa propiamente dicha solo estuvo presente en su rol de mascotita en el partido inaugural. “Entré por la reja de la Tribuna Ámsterdam con el fotógrafo que hacía la difusión, Fraga, y con el fotógrafo de El País, Héctor Devia. Entré y salí porque no querían que ingresara nadie más ya que había un ambiente un poco álgido por el tema de la dictadura militar”, comenta.
Diego hace referencia al fantasma con el que debió lidiar la Copa de Oro, un torneo que muchos identificaron como una idea de los militares para mostrar una buena imagen ante el mundo.
“No tuvieron nada que ver, al contrario, cuando perdieron el plebiscito para reformar la constitución en 1980, dijeron ‘la Copa no se hace’. Pero el clamor popular, los organizadores con Cataldi a la cabeza, la FIFA con Joao Havelange, presionaron para que se hiciera. Era algo que ya estaba bastante encaminado, prácticamente con el puntapié inicial”, señala sobre la competencia que comenzó el 30 de diciembre y se extendió hasta el 10 de enero, en que se jugó la final en que Uruguay se impuso a Brasil 2 a 1.
Diego fue a todos los partidos y se acuerda que dio la vuelta olímpica como un hincha más, en los hombros de un amigo ya fallecido, Julio Grignoli.
El Mundialito generó remeras, llaveros, casetes con los relatos de los goles de Víctor Hugo Morales y una canción que para Diego sigue siendo la mejor que se hizo para la selección uruguaya, Uruguay te queremos ver campeón, una creación de Roberto Da Silva y Beto Triunfo que curiosamente no encargó la AUF, sino Radio Oriental.
Diego considera que el Mundialito fue una genialidad impensada de Cataldi con invitados de primera línea.
“Salvo Inglaterra que faltó y vino Holanda en su lugar, dos veces finalista de los Mundiales, estaban la Alemania campeona del 74, la Brasil espectacular del 78, la Argentina que venía de ser campeona del mundo del 78 y la Italia que iba a ser campeona en el 82. Y como figuras vinieron Diego Maradona, Ramón Díaz, Mario Kempes, Toninho Cerezo, Sócrates, Rummenigge, Bruno Conti, Antonio Cabrini… las mejores estrellas del mundo”, destaca.
Recuerda estar sentado en la Platea América esperando el partido de Argentina y ver sentados cerca a César Menotti, Diego Maradona, Daniel Pasarella y Ramón Díaz.
También tiene muy buenos recuerdos de los futbolistas uruguayos, con muchos de los cuales mantiene una muy buena relación, incluso de amistad. “Hasta el día de hoy algunos me gritan: ‘¡Mascotita!’, dice y nombra a Ariel Krasouski, Hugo De León, Venancio Ramos, Ruben Paz, Daniel Martínez, Eduardo De la Peña, “Cascarilla” Morales, Nelson Marcenaro y “El Chifle” Barrios. “Como ya no estaba Morena yo salía a la cancha de la mano de Waldemar Victorino”, apunta.
Festejo
Por ese vínculo generado con los campeones del 80 y porque considera que se fue injusto con ellos al mezclar el Mundialito con la dictadura militar, es que Diego tiene pensado realizar un evento en su homenaje.
“Estamos viendo con un grupo de amigos de hacerlo y, si es posible, queremos generar una segunda instancia de la Copa de Oro. Estamos trabajando con un grupo argentino, haciendo los primeros contactos con las federaciones de Uruguay y Argentina”, anuncia con entusiasmo.
La idea es contar con un Comité Organizador que trabaje en forma independiente junto con empresarios y dirigentes. “Hay gente de la política que nos está dando una gran mano, como Carlos Enciso, embajador de Uruguay en Argentina”, señala. También consiguió el respaldo del presidente Luis Lacalle Pou.
El evento ya fue Declarado de Interés Turístico por el Ministerio de Turismo.
En principio, el objetivo es organizar algo similar a lo que se hizo en el 80. Habría una serie de Uruguay con dos partidos, una de Argentina con dos partidos y los ganadores jugarían la final en el Estadio Centenario.
“A los héroes del 80 se los dejó de lado como si hubieran robado algo y terminaron siendo campeones de un evento que fue impresionante. Por eso la idea es hacer una recorrida con ellos por el país, incluso con un espíritu social teniendo instancias en escuelas públicas y con el baby fútbol, y también llevar futbolistas de esta época”, anuncia.
Diego perdió a su padre en marzo de este año, el hombre que quería que su hijo fuera famoso. Llegó a contarle esta iniciativa y le pareció algo disparatado. “Se reía y decía que aquella genialidad de Cataldi era muy difícil de retomar. Por eso es un desafío y también un premio para él hacerlo”, concluye confiado de poder concretar este sueño.
Gestor deportivo y representante de futbolistas
Diego Schaffer siempre estuvo vinculado al fútbol. Jugó al baby fútbol en Alas Rojas River, el Maeso, el Santa Rosa y en la selección de la Liga Interbalnearia, además de la selección del colegio Elbio Fernández. “Era delantero y creo que era bueno”, dice.
Empezó a jugar en Central Español, pero en una época en que fútbol y estudio no eran compatibles, así que tuvo que abandonar porque su familia priorizaba los libros. Cursó dos años de Derecho, dejó y se recibió de entrenador en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF).
De 1991 a 2002 fue periodista deportivo. Estuvo en radio Imparcial y en Canal 5, tuvo la jefatura de Deportes de radio El Espectador, fue responsable de la edición uruguaya de revista El Gráfico y tuvo la representación del portal latinsoccer.net.
En 2002 se fue a España a hacer un máster en Dirección de Empresas Deportivas en el Instituto Johan Cruyff. Volvió en 2003, fue profesor auxiliar del ISEF en Montevideo y luego titular en Maldonado.
En 2006 comenzó a realizar asesorías a distancia, gestión deportiva y a representar futbolistas (es representante de Gastón Guruceaga y Hernán Petrik, entre doce jugadores).
Es padre de las mellizas Federica y Delfina, de 16 años, jugadoras de hockey del Biguá y de la selección uruguaya sub-16; ambas lo acompañan al fútbol. Está en pareja con Laura hace 22 años.