Más allá del momento deportivo que está atravesando, que lo tiene en la pelea por permanecer en la Primera División, el Club Atlético Progreso enfrenta a un rival silencioso que lo amenaza año a año, metro a metro: la erosión que provoca una cantera contigua al Parque Abraham Paladino, lo que podría dejar a parte del estadio bajo agua si no se toman medidas próximamente.
El deterioro ya se ve reflejado en la esquina que separa a las tribunas Dr. Tabaré Vázquez (que sería la Olímpica, de acuerdo a la referencia del Estadio Centenario) y Parcialidad Gaucha (Colombes): donde supo funcionar una cantina solamente quedan escombros, el muro perimetral está casi al nivel del suelo y, del otro lado del predio, amenazante, la cantera que parece querer llevarse todo por delante.
Pero este no es un problema que date de poco tiempo atrás.
Historia y contexto
Decir La Teja es decir Progreso. Y también es decir canteras. Agustín Montemuiño, exdirectivo del club, historiador y vecino del barrio, lo explica: “Fue parte de la explotación industrial de la zona. Esto también fomentó la sindicalización de sus trabajadores y varios conflictos obreros que forjaron la identidad de la zona”, le dijo a Ovación.
Muchos integrantes del sindicato de picapedreros, además, participaron de la fundación del Club Atlético Progreso, en 1917. “Las canteras nacieron con La Teja”, cuenta Roberto Pintos, de 74 años, el clásico “allegado a la institución que vive por y para ella las 24 horas. Habla con Ovación en las pausas de los viajes que está realizando para abastecer al plantel.
La importancia que tuvo esta explotación minera la disfruta el resto de la ciudad: la rambla de Montevideo está hecha con las piedras de las canteras de La Teja.
El Parque Paladino es otro de los orgullos que tiene la barriada. El predio es propiedad de la Administración Nacional de Puertos (ANP) y, desde hace más de 100 años, el club obtuvo el comodato, allá en 1925.
En 1981, bajo la presidencia de Tabaré Vázquez, Progreso realizó una serie de reformas significativas en su escenario: se construyeron tribunas, vestuarios y cabinas de prensa, todo esto con el dinero que los distintos clubes obtuvieron gracias al Mundialito.
Para ese entonces, entre el punto más cercano del escenario y la cantera había más de 15 metros, lo que permitía que en esa esquina funcionase una cantina. Se hicieron drenajes con cañerías, apuntando a la dirección del agua. Lo que en su momento pareció una solución oportuna, el tiempo demostró que eso, tal vez, aceleró el proceso de erosión.
Es apenas una hipótesis. Lo cierto es que este inconveniente ya estaba en el radar del club por aquellos años.
Temas de campaña
A fines de 2024, cuando se acercaban las elecciones en el club, la Lista 1989 presentó este conflicto con unas gráficas que subió a sus redes sociales. “El futuro de nuestro Estadio Parque Abraham Paladino es incierto”, anunciaron. “Si no hacemos nada (...) va a desaparecer”, se leía.
“La naturaleza de la cantera en la que se encuentra genera que en la esquina noreste del Estadio se observe un importante hundimiento. Esto se agravará aún más con el paso del tiempo”, explicaban.
Una situación que a las nuevas autoridades les parecía lo suficientemente importante como para ponerlo encima de la mesa.
Martín Moreira es ingeniero civil, tiene 26 años e ingresó con la actual directiva, aunque ahora no pertenece más a ella. “Soy una especie de asesor técnico en este tema en particular”, le comenta a Ovación.
“Hace varios años que esa zona se está hundiendo. Todavía no del lado de la cancha pero está cerca y ya hay una pendiente bastante inclinada”, explica.
Y complementa con aspectos técnicos: “Lo que va a terminar pasando es que el agua de la cantera lave el relleno, la tierra de abajo se va con la corriente del agua y la que está por encima se va a ir hundiendo por la pendiente, porque la tierra no aguanta”, asegura Moreira.
Pintos es bastante más gráfico: “Si no se hace nada, un día un jugador va a patear un córner y se va a caer para abajo”.
Aunque ningún integrante de la directiva actual aceptó hablar sobre este tema (“el club no está en un momento como para meterse en una posible polémica”, dijeron) ni permitieron tomar fotos dentro de la cancha, según pudo saber Ovación no han podido avanzar mucho para solucionar esto.
Sin embargo, esto no es algo que les haya sucedido únicamente a ellos.
Pedido de ayuda
A lo largo de los años Progreso intentó obtener alguna respuesta de la ANP, la administradora de esa zona, pero los esfuerzos fueron infructuosos. “La burocracia complica todo”, se queja Pintos. “Cada vez que pedimos algo, se empiezan a pasar la pelota y nadie soluciona nada”, dice, utilizando una oportuna metáfora futbolera.
“Se habla mucho, se discute durante horas, pero nunca nadie hace nada”, continúa el hombre que se define como “veterano pero con ideas modernas”.
En esa zona también funciona el jardín de infantes para los familiares de los funcionarios de ANCAP, cuya refinería es otro emblema de La Teja. Incluso esa cantera, la única activa que queda en el barrio, la utiliza el ente público para sus enfriadores.
“Buscar una solución conjunta sería lo ideal”, dice Moreira. Algo que satisfaga las demandas del club y de ANCAP. Según su visión, no es algo que pueda suceder en un futuro muy cercano. Por eso la preocupación, como la erosión, crece a pasos agigantados.
Aclaración innecesaria: como la inmensa mayoría de los clubes del fútbol uruguayo, Progreso no tiene recursos genuinos como para afrontar la inversión necesaria para poder acabar con este problema que, para colmo, es ajeno al club.
Posibles soluciones
Para Pintos la solución es clara: “Ponerse a rellenar esa zona es un trabajo costoso y desgastante. Hay que correr la cancha, unos 20 metros para el suroeste”, asegura. Esto implicaría unas obvias reformas en el predio que “son viables” y se podrían costear “si se consiguen inversores serios”.
“Esa es una solución, sí, pero que patea el problema para adelante”, cuenta Moreira, el único ingeniero en el padrón social del club.. Entiende que lo ideal sería “hacer un relleno de muchísimos metros cuadrados, con protecciones artificiales como mallas para proteger la tierra, lo que evitaría que el agua se la lleve”.
Este trabajo es imposible de costear para el club y, si las autoridades cuyas puertas fueron golpeadas, no proponen alguna solución, “el futuro es totalmente desalentador”, apunta Moreira.
Por distintos factores, el ingeniero asegura que es casi imposible determinar en cuánto tiempo la estructura del Paladino se va a ver directamente afectada por este tema pero estima que “hay que hablar de años, no de décadas”.
Complicado en la tabla del descenso, a Progreso no solo le preocupa lo que pase dentro de la cancha si no también lo que le suceda a ella. El futuro del Paladino está en riesgo; hay tiempo para solucionarlo. Lo que no se sabe es si se podrá hacer.