Ayer se dio un lindo debate en X entre algunos usuarios sobre el éxito de la SAD y la decadencia de los clubes tradicionales, y ese intercambio me motivó a escribir esta columna.
Después de mucho tiempo, desde que yo jugaba en formativas de Wanderers, el sábado fui al complejo de River para ver un partido de juveniles. A pesar de que tiene una nueva cancha de sintético, me sorprendió ver un predio mucho más deslucido de lo que era antes. Los Darseneros, así como los Bohemios, ya no son grandes animadores de formativas (salvo excepciones); además, la cantera de futbolistas que nutren a Primera y que servían de sustento económico por ventas, es cada vez más escasa. Esto va mucho más allá del trabajo incesante de muchas personas que luchan por el club de sus amores de forma honoraria, y aplica para otros clubes como Danubio o Bella Vista.
Las Sociedades Anónimas Deportivas siguen ganando terreno en Uruguay: actualmente, la mayoría demuestra trabajar de una manera profesional y responsable (sí, Rampla es la excepción que cumple la regla). Así, avanzan en formativas donde tienen complejos de primer nivel (como MCT, Albion o Racing) y atraen a niños que prefieren ir a jugar a esos clubes, que tienen el brillo que a inicios de siglo tenían Danubio, Wanderers o River. Por si fuera poco, a mitad de temporada, cuatro de los cinco primeros clubes de la Anual son SAD. Acá no hay fórmulas mágicas, pero sí hay que mirar con atención lo que está pasando.