En el fútbol terminaron todos presos

JOSÉ MASTANDREA

EL ANÁLISIS

Apunten al fútbol. Péguenle. Destrátenlo. Sáquenle el jugo y háganse famosos a costillas de él.

¿A qué viene todo esto? A que no se levantó ni una sola voz para defenderlo, para recordar que hace apenas ocho años, tres jugadores de Nacional y siete de Peñarol fueron procesados con prisión por haber protagonizado una batalla campal en el Estadio Centenario.

Fue el 26 de noviembre de 2000, después de un clásico que terminó igualado 1 a 1. Cuando el árbitro Sergio Komjetán dio por finalizado el duelo, los jugadores se tomaron a golpes de puño.

Fueron cinco o a lo sumo seis minutos de golpes y no todos participaron.

Sin embargo, un juez actuó de oficio y no sólo los tuvo declarando durante horas, sino que decretó su prisión en Cárcel Central.

Claro, era el fútbol. Era un clásico y había casi cincuenta mil personas en el Estadio Centenario.

Era, también, una forma de trascender, de acaparar la atención de los medios.

No importó que esos jugadores no tuviesen antecedentes. Tampoco que fuesen padres de familia. Fueron a prisión y punto.

Ahora, después de ver una y otra vez la batalla campal entre los jugadores e hinchas de Goes y Aguada uno se pregunta si ningún juez pudo actuar de oficio.

Parece que no. El fútbol siempre paga. ¿O no?

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