El peligro está en el chip

Mañana, por fin, la selección celeste se pone a andar en serio, en el ámbito internacional, que es el único y verdadero fiel de la balanza, por la larga y escabrosa ruta que debe transitar —Eliminatorias mediante— para llegar al Mundial de Alemania.

Es bravo el arranque. Muy bravo. Más aún: por características, más que por potencial, quién sabe si pudo haber otro rival más complicado que este equipo coreano que tendrá por delante en su debut el combinado de Carrasco.

Bastaría repasar los antecedentes históricos para sustentar la complejidad que encierra para los celestes tener que enfrentar de saque, con el cuadro a medio armar, poco trabajado, y con Recoba exprimido por el final de la temporada italiana y Forlán fuera de punto por venir de un merecido y relajante descanso en Cancún y Estados Unidos tras su actuación en el Manchester, a este conjunto asiático que, por su estilo, por su velocidad, por su dinámica, y por la forma de ir al frente sin freno y sin pausa, hasta puede suponer un riesgo más grande que el que podrían encerrar contrincantes como Argentina, Brasil, Alemania o Italia.

Es decir, Corea nunca fue un adversario cómodo para Uruguay. Lo abonan los empates registrados en la India en 1982 y en el Mundial Juvenil de México un año más tarde, y los apretadísimos —y hasta sufridos— triunfos logrados por los celestes en el Mundial del 90 y en febrero de 2002 en el Estadio Centenario. Sin embargo, no pasa por ahí, tal vez, el mayor riesgo que corre mañana a nivel competitivo el comienzo de la "era Carrasco". La cuestión es que los coreanos juegan, corren, meten, defienden y atacan, desde el primer al último instante, igual. A mil. Sin freno. Sin variantes. Argentina, Brasil, Italia, o la misma Alemania, por ahí hacen un gol o dos, y paran, amainan. Meten un rebaje. Estos no. Es como si les colocaran un chip en el vestuario, que los hace salir a la cancha a todo lo que da, jugar a todo lo que da cualquiera sea circunstancialmente el resultado, y seguir también a todo lo que da hasta que les vuelven a sacar el chip para meterse bajo la ducha o irse para la casa.

Ese es el mayor peligro de este comienzo del camino hacia Alemania, por encima aún de todos los temores, dudas o aprehensiones válidas, a los que da lugar el fútbol abierto y audaz que pregona Carrasco. Estos coreanos son unos cargosos bárbaros. Llega un momento que se transforman en insoportables. Y si bien es cierto que tener la pelota y manejarla parecería ser el arma clave para contrarrestarlos, como también lo es que este equipo de Uruguay tiene jugadores como para intentarlo, el asunto está en que, ante un rival de esta clase, si se está dispuesto a ir a cambiar figuritas, ataque por ataque, también hay que estar preparado para contestar, no con un par de cargas propias a otro par de cargas adversarias, sino con diez, veinte, o quizá treinta, a lo largo de todo el trámite. Y eso sí que es bravo. Lo más bravo. Por algo es difícil ubicar a una selección celeste jugando de esa forma, desde aquel que aún hoy el mundo recuerda como "el partido del siglo", contra Hungría, en el Mundial ¡del 54!

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