Marcó su historia como jugador principalmente en Malvín. En Lagomar encontró “familia”, el club que le abrió las puertas para transicionar a entrenador. Con Pablo López, Gerardo Jauri y Miguel Volcan como referentes, Reque Newsome inicia su camino como DT, tras el llamado de Welcome.
-¿Qué impronta querés darle a tu equipo?
-Quiero que todos estén parejos. No que ningún jugador tenga 25, 30 puntos y el resto seis. Quiero pases, que todos tengan la chance para anotar, quiero correr, y defender. Necesitamos una identidad, que tiene que ser la defensa. Quiero correr todo el tiempo. Pasar adelante, si no hay nada, ahí entramos en nuestro set ofensivo. Pero quiero jugar mucho más rápido, muchas posesiones, empujando la pelota, encontrando ventajas muy temprano.
-¿Cómo hiciste tu transición de jugador a entrenador?
-Primero tenía que decirle adiós al básquet como jugador, hice eso bastante fácil. No quería jugar más, quería ser entrenador. Ahí Daniel, el expresidente de Lagomar, me dio la chance para hacer técnica individual, y desde ahí empecé a crecer. El año pasado yo estaba con el equipo A y B de formativas. El año anterior yo estaba con el B y salimos campeón en U18 y U20. Quiero ver la alegría de los jóvenes, me da felicidad.
-¿Qué entrenador te marcó cuándo fuiste jugador y qué cosas sacás para hoy dirigir vos?
-Voy a decir tres: Gerardo Jauri, Pablo López y Miguel Volcan. Volcan fue mi primer entrenador, saco muchas cosas de él. De López, que hago muchos cambios. Saqué eso de él para mantener a todos frescos. De Jauri como él piensa, le gusta hablar, enseñar. Tuve a Mateo Rubio Díaz en la selección, saqué un poco de él. Uno agarra algo de cada entrenador que tiene, sea bueno o malo, por lo que hace o no.
-Tuviste tu etapa como asistente técnico en el ascenso con Lagomar también.
-Arranqué como asistente de Alejandro Muro, trabaja muy muy estricto. Después Esteban Yaquinta que es mucho más tranquilo. Entonces yo tomo un poco de los dos para armar mi sistema, armar mi estrategia, mi estilo. Los dos enseñan mucho, Muro tiene su manera y Yaquinta la suya. Yo puedo encontrar mi estilo, con todos los entrenadores que yo tenía antes también.
-¿Qué encontraste en Lagomar?
-Son familia acá, es lo que me atrapó. Yo tengo muy buena relación con Fernando Labraga, que trabaja en la oficina también con el Colo. También con las muchachitas como yo las llamo que trabajan acá, Nelly y Bea. Tengo una relación muy buena con todos. Pero por supuesto si viene algo grande tengo que aprovechar la oportunidad. Cuando yo les dije sobre Welcome, que no podía seguir en la Liga de Desarrollo, ellos me apoyaron.
-Cuando llegaste a Uruguay, ¿esperábas lo que iba a venir después?
-Cambió totalmente mi vida. Yo nunca pensaba ni que iba a tener un pasaporte, menos que fuera a estar en Uruguay dirigiendo a un equipo de primera división, que estuviera 17 años jugando acá. Soy muy bendecido. Eso es lo que le digo a mi mujer todo el tiempo. Tengo una linda familia, tengo a mi mujer que siempre me está apoyando, mi hijo que está entrenando ahora, en U14. No lo tengo yo, me dijo que no quería que fuera el entrenador. Que si era yo se iba, y está perfecto, yo no quiero que sea padre e hijo. Yo quiero que lo entrene otro y yo ser padre. Ahora lo tiene Leandro Figueroa que es mi asistente ahí en Welcome también. Yo soy muy leal.
-Tu mujer es psicóloga, ¿qué enseñanzas te dejó para ser entrenador?
-Una palabra. Paciencia.
-Como entrenador de formativas, ¿qué consejos le das a los chicos desde tu experiencia como jugador?
-No rendirse. Porque yo he visto a muchos llegado un momento donde ven que está muy difícil, y ellos se rendían. Sigue adelante. Eso es lo que yo puedo dar.