Mientras el gobierno y el poder sindical festejan la reducción de la jornada laboral en la construcción, y empujan para extenderlo al resto de la economía, las cosas se ven muy distintas en el mundo real. Todos los días se informa de nuevos cierres, despidos, o envíos al seguro de paro masivos en muchas empresas. Es que el nivel de competitividad, la productividad, y el costo de la mano de obra en el país es asfixiante. Una realidad dolorosa, que el gobierno no parece ver.