Si hay algo que reconocer a Donald Trump es un talento envidiable para hacer enojar a ese mundo progresista, biempensante, que se apropia de manera asfixiante de todos los ámbitos de intercambio social. El último objetivo de esta tribu tan intolerante como aburrida es el fútbol. Y es allí donde Trump ha decidido llevar la batalla cultural, con esa absurda apelación por una tarjeta roja, de cero impacto en la vida real, pero que ha enloquecido a la progresía global. Trump se ríe.
Fútbol y política absurda
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