Una señal alarmante

El episodio puede parecer lejano y ajeno para muchos lectores uruguayos. Pero es relevante en el contexto que atraviesan hoy algunos valores clave para las sociedades abiertas y democráticas, como la libertad de expresión y de prensa.

Hace pocos días, y de manera tan sorpresiva como sin explicación, el gobierno estadounidense decidió retirar las visas a los miembros de la junta directiva del diario La Nación de Costa Rica. Se trata del principal periódico de ese país, y miembro del Grupo de Diarios América, junto con otros 11 medios históricos del continente, entre los que figura El País de Uruguay.

Si bien no se ha brindado las razones formales para tal acción, hay un trasfondo que podría explicarlo, de una manera que es casi tan preocupante como el hecho en sí mismo. En 2022, La Nación de Costa Rica, publicó varias noticias sobre una investigación por acoso sexual en la que estaba involucrado el entonces candidato presidencial Rodrigo Chaves, quien trabajaba en el Banco Mundial en aquel momento. Chaves resultó electo presidente a pesar de que una investigación interna del banco, donde ocupaba un alto cargo, condujo a su destitución.

Desde entonces, el presidente Chaves ha tenido una actitud de abierta confrontación con el periódico, y con otros medios de prensa locales, y no ha titubeado en usar el poder del estado para golpear económicamente al medio. Esto es particularmente grave ya que Chaves, que deja el poder en estas horas, ha logrado una masiva aprobación popular. Y ha usado ese apoyo a partir de una gestión, que desde Uruguay no estamos en condiciones de evaluar, para atacar de forma permanente a quienes simplemente cumplieron su deber de informar a la sociedad de hechos que nadie puede negar.

El presidente Chaves ha tenido desde su llegada al poder un vínculo muy estrecho con el gobierno de Donald Trump. Y ha sido muy eficiente en cortar vínculos con China, y concretar una relación carnal con Washington. De nuevo, no se trata algo que desde aquí vayamos a criticar, ya que claramente la trayectoria de nuestro diario tiene mucha más vinculación en valores e ideas con Estados Unidos que con la emergente potencia asiática.

Pero si la decisión de quitar la posibilidad de acceso a visas americanas a los jerarcas de un medio de prensa libre y autónomo tiene en efecto vinculación con las tensiones políticas internas en Costa Rica, y con la publicación de noticias que no gustaron al presidente Chaves, es una cuestión alarmante en al menos tres sentidos.

Primero, es una pésima señal sobre las convicciones republicanas del presidente Chaves. Se trata de un mandatario que ha gobernado uno de los escasos países realmente democráticos del continente. Lo ha hecho con completa libertad, e incluso ha impuesto de forma legítima a una sucesora por amplia ventaja. Parece una señal de pequeñez impropia para su legado histórico, esta especie de empecinamiento infantil por castigar a un medio, simplemente por no agachar la cabeza ante sus deseos.

En segundo lugar, es una muy mala señal en relación con el vínculo de Estados Unidos con la región. Washington ha sido siempre el gran referente en materia de democracia y libertad de expresión, para un subcontinente que históricamente ha tenido enormes carencias en la materia. Tiene toda la razón el secretario de Estado Marco Rubio cuando al revocar las visas de personas vinculadas a acciones terroristas o a posturas antisemitas o directamente a antiestadounidenses, sostiene que ese documento no es un derecho para nadie, sino un privilegio. Pero usar su concesión como una sanción a gente que defiende los mismos valores que han hecho a Estados Unidos la potencia que es hoy, y para dejar contento a un gobernante circunstancial, envilece su lugar moral en la región.

Por último, es una pésima señal para los valores democráticos en el continente. Valores que siempre han sido atacados por la izquierda radical (y la no tanto), y que quienes defendemos muchas veces lo hemos hecho usando como ejemplo las instituciones que justamente ha consolidado un país como Estados Unidos. Decisiones arbitrarias y sin justificación como esta, no sólo dañan a los directamente implicados. Sino que nos dejan en mala posición a todos los que durante décadas hemos usado a Estados Unidos como ejemplo de cómo la libertad de prensa y de expresión son clave para el desarrollo integral de un país.

Esperemos que haya una revisión de este tema, y que las aguas vuelvan a un cauce racional y republicano.

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