El enfermo mental es un estorbo para la sociedad". Con toda crudeza, esta frase describía hace 60 años, un dramático estado de cosas que aún sigue siendo de una cruel actualidad.
Esta aseveración figuraba en el informe hecho en 1966 por Pierre Chaniot, consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OPS, luego de su estadía en Uruguay, adonde llegó a raíz de una invitación del Ministerio de Salud Pública para hacer una evaluación sobre Salud Mental en el país.
Si bien la letra de un conocido tango dice "treinta años no es nada..", en este caso ha pasado más del doble de tiempo y son muchos los enfermos mentales que viven o vegetan, arrumbados, en un estado deplorable, en las colonias Etchepare y Santín Rossi.
Tuvo que ocurrir una desgracia, más propia de uno de los círculos infernales del Dante que de un centro hospitalario en el siglo XXI, para que la sordidez que envuelve al sistema de cuidados de los enfermos mentales saltara a la luz. Y, una vez más, la prensa se encarga de poner en el tapete algo que bien se aplica al título de aquella excelente película de la argentina María Luisa Bemberg: "De eso no se habla" .
La Colonia Bernardo Etchepare, ubicada a 70 kilómetros de la capital, nació hace más de 100 años y luego se agregó la Santín Carlos Rossi, cada una con el nombre de los primeros profesores de la Clínica de Psiquiatría de la Facultad de Medicina. La creencia de aquellos tiempos aconsejaba que lo mejor para los pacientes era estar en lugares alejados, campestres. Inclusive se pensaba que lo más indicado para estas personas enfermas era que se ocuparan en tareas agrarias que los distrajeran de sus delirios, de sus obsesiones, sus alucinaciones. De ahí su nombre de "colonias", a pesar de que ese enfoque luego no prosperó.
Su creación se originó en la necesidad de descongestionar al manicomio de la ciudad, el Vilardebó (1880) que contaba con 700 camas y en 1910 tenía 1.500 pacientes. Hacia las nuevas instalaciones se comenzó a enviar a los enfermos psiquiátricos. Llegaban también otros que no padecían locura pero eran discapacitados, hasta que empezó a funcionar Don Orione y se les derivó allí, lo mismo que a los jóvenes, por lo que cerraron los pabellones juveniles. Primero solo se atendía a hombres, luego se amplió a las mujeres, y había un tren que traía a los enfermos del interior del país. También ocurría que gente que carecía de medios, jóvenes que llegaban traídos por familiares que declaraban no poder hacerse cargo de ellos o personas con el calificativo de vagabundos, terminaran allí.
En 1937 en la Colonia Etchepare se realizó el primer coma insulínico en nuestro país, para el tratamiento de la esquizofrenia. Pero desde entonces la medicina psiquiátrica ha avanzado sideralmente, lo mismo que el enfoque médico para lidiar con la gente que padece trastornos de ese tipo. En Europa ya no hay instalaciones como las nuestras, donde los enfermos pasan su vida entera encerrados, fuera del mundo y mal atendidos. Según los últimos datos, entre ambas colonias se cuentan más de 800 enfermos que deambulan en harapos, viviendo en condiciones vergonzosas, mientras en los países avanzados a esta clase de pacientes se les medica y mal que bien, forman parte de la vida social. Se les atiende en los diversos centros psiquiátricos, dentro o fuera de los hospitales o sanatorios, y se ha dejado atrás el sistema "asilar" de principios de siglo.
En 1986, en Uruguay fue aprobado un Programa de Salud Mental enfocado a dar respuesta a la deuda social que representaba la atención de la gente con patologías mentales. Sin embargo, van a ser 30 años de ello y poco ha cambiado para los sempiternos habitantes de la Etchepare. El hombre que murió a consecuencia de las mordeduras de unos perros, hacía 50 años que estaba allí abandonado y no ha sido el primero en morir de esa manera, según lo consigna un artículo de La República del año 2001.
Con la llegada del Frente Amplio hace 15 años, una de cuyas banderas era la de cambiar el modelo sanitario del país, muchos habrán creído que deudas humanitarias como la mencionada iban a ser corregidas. Pero a pesar de sus anteriores críticas al sistema y promesas, la salud mental continuó con su histórica marginación.
En 2011 se comenzó a incluir la psicoterapia entre las prestaciones obligatorias de las instituciones sanitarias y se lanzó el Plan Nacional de Prevención del Suicidio, flagelo que se lleva anualmente a 16 de cada 100.000 uruguayos. Sin embargo, según el estudio de los psiquiatras Ricardo Acuña y Delia Sánchez, tres años después, aún no se conocen los resultados. Un detalle que dice todo.
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