Ayer se cumplieron tres años del salvaje ataque terrorista contra Israel, en el que milicianos del grupo palestino Hamas, asesinaron a más de 1200 personas (casi medio centenar eran niños) y secuestraron a otras 250. El bárbaro acto no sólo significó una escalada sin precedentes en el ya histórico conflicto de Medio Oriente. Sino que marcó un verdadero cambio de era en la política global.
Vale empezar por lo central. El 7 de octubre de 2023, Medio Oriente era una región relativamente en calma. O al menos para sus estándares. El conflicto entre Israel y los palestinos estaba en un momento de baja intensidad, la zona no mostraba focos de violencia llamativos, la guerra civil en Siria había desaparecido de los titulares, y se hablaba de un posible acuerdo de paz entre Arabia Saudita e Israel.
Es en ese contexto que el grupo integrista islámico Hamas lanza su ofensiva por cielo y tierra. Ahora sabemos que llevaban años planificando, y derivando recursos que el mundo enviaba para ayudar a levantar los estándares de vida en Gaza, para fines bélicos. Y lo que ocurrió es ya bien sabido por todos.
Una masacre en varios planos, donde milicianos ingresaron a hogares matando a hombres, mujeres y niños, filmando y enviando documentos a sus familiares como trofeos de guerra. Además ingresaron a una masiva fiesta juvenil, masacrando gente como si fuera un video juego.
Los actos de salvajismo están más que documentados. Pero a diferencia de lo que suelen hacer los palestinos, los israelíes han sido siempre reacciones a divulgar esos videos y filmaciones, por el respeto que tienen a sus propios muertos.
Como si esos crímenes aberrantes no fueran suficientes, se llevaron a decenas de personas, muchas mujeres, como rehenes a Gaza, A los que exhibieron de forma inmoral por las calles, mientras cientos y cientos de “inocentes civiles” los insultaban o les lanzaban piedras.
La respuesta no se hizo esperar.
El gobierno israelí, enfrentado a un desafío que cuestionaba incluso la propio existencia de su estado, respondió con dureza al ataque, y buscó recuperar a sus ciudadanos secuestrados, como hubiera hecho cualquier otro país democrático.
Pero allí saltó a la vista que este ataque terrorista, no ocurría en un vacío, ni de forma descoordinada. Porque lo que vimos en los próximos años fue una operación mediática y política en casi todos los países de Occidente, que dejó en evidencia el resultado de años de trabajo hormiga de los grupos integristas islámicos, y en especial de Irán, para reclutar a las juventudes de izquierda más radical en su favor.
Esto, mezclado con el creciente peso de la migración musulmana en Europa, pero también en Estados Unidos, nos llevó a una constatación impactante. Los crímenes del terrorismo islámico eran ahora aplaudidos y reivindicados en el propio Occidente. Mientras que el país más progresista y democrático de Medio Oriente era cuestionado hasta en su derecho a existir.
Así pasamos años en los que de lo único que se hablaba en los foros, medios, y parlamentos de Occidente, era sobre el supuesto genocidio que estaba cometiendo Israel en Gaza. En vez de señalar dónde había estado el disparador de toda esta salvajada, y del derecho del estado israelí de rescatar a sus ciudadanos secuestrados.
Pero a poco que se mira el mapa, en estos tres años todo ha cambiado, y no solo en Medio Oriente.
Para empezar, la respuesta israelí destruyo en buena medida el poder militar de Hamas. Luego, apelando a acciones impactantes como la de los “pagers”, Israel también eliminó la amenaza inmediata de Hezbolá.
Esto llevó a un giro radical en la política y estabilidad de El Líbano, y al derrumbe del régimen de Assad en Siria.
Luego vino también la guerra con Irán, y la alianza de las monarquías del Golfo y Arabia Saudita con Estados Unidos e Israel. Todas cosas inimaginables antes del 7 de octubre, y que si nos alejamos un poco de las miserias cotidianas, pintan un mapa mucho mejor a futuro para toda la región.
Pero lo sucedido tras aquel luctuoso 7 de octubre, también nos ha dejado lecciones terribles. Como comprobar la forma en que el antisemitismo ha cundido en nuestras sociedades occidentales, tomando universidades, medios de comunicación, y hasta sistemas políticos que se creían a salvo de estas amenazas.
Se dice que leer historia es fundamental para anticipar el futuro. En estos momentos aciagos, nos queda la certidumbre de que el mundo que alumbró ese 7 de octubre, está muy lejos de lo que hubieran deseado quienes lo planificaron.