Transporte público y mampara

Después que se supo que lo del túnel por 18 de Julio no se concretaba y que la mejor alternativa era llenar la principal avenida con numerosos carriles para diferentes usos, entre ellos la senda para los buses eléctricos, el tema quedó acallado.

Es que sí lo del túnel no era una buena idea, lo que se propuso en su lugar era apenas menos malo. En primer lugar, porque la solución propuesta se refería solo a 18 de Julio y no quedaba claro como se conectaba a avenida Italia y a 8 de octubre. Afuera quedaron ideas para Agraciada, con salidas al norte y al oeste de la ciudad.

En segundo lugar, al concentrar todo en 18 de Julio, se pasó por alto que ni la principal avenida ni la Ciudad Vieja son hoy el destino que eran antes. Hubo un tiempo en que los buses salían desde cualquier barrio de Montevideo y todos tenían como único destino “Aduana”. Ahí terminaba el mundo.

Hoy no es así. Quien vive en Punta Gorda quizás trabaje en la Unión, o si vive en el Cerro lo haga en La Blanqueada, o de Sayago tenga que ir a Pocitos.

No existe más aquello de que todo convergía en el Centro, Ciudad Vieja y finalmente la Aduana. Por lo tanto, no está claro que, si al rediseñar y modernizar el trazado del servicio de transporte colectivo, la prioridad sea la principal avenida, hoy más tranquila en su movimiento que hace unas décadas.

Parece haber desorientación en la Intendencia de Montevideo, respecto a cómo resolver el servicio de transporte público. Desorientación que se traslada al otro servicio, el de los taxis, con sus propios problemas. Días pasados se informó que la gremial de taxis pedía que la mampara fuera opcional, porque en los modelos nuevos ella trababa el uso del airbag en los asientos traseros e impedía que el aire acondicionado llegara a ese sector.

Se supone que ya hay un porcentaje alto de pasajeros que paga con tarjeta, con lo cual los taxis andan con poco efectivo y dejaron de ser blanco atractivo para los delincuentes.

Es probable que, a nivel sindical, esta propuesta genere alguna resistencia. Pero para los pasajeros será un gran alivio. Hoy, quien viaja en la parte trasera de un taxi se siente como un criminal detenido y llevado en esos patrulleros que tienen cerrados los asientos de atrás para que sus presos no escapen. La sensación de asfixia causada por esa tosca mampara es inevitable.

No se viaja mejor adelante. La mampara obliga a que el asiento delantero esté apretado contra un tablero tapado de aparatos: el que marca la tarifa, el GPS, el que conecta con la central de radiollamadas y en algunos casos, el que conecta con Uber. A eso se agregan los asientos tan desvencijados como los de atrás y la ausencia de una limpieza a fondo. Esta no es una realidad generalizada, pero sí demasiado frecuente.

La eliminación de la mampara no garantizará que un vehículo esté limpio y en buen estado, pero al menos al pasajero le quita la sensación de encierro. Los problemas de seguridad, por otra parte, no se arreglan con una mampara sino logrando que la ciudad sea segura. Por eso hay lugares en el mundo donde los taxis no tienen mampara. El rápido éxito que tuvo el sistema Uber en sus inicio fue porque era una manera de zafar de la pesadilla de viajar en taxi y hacerlo con más comodidad. Claro, ni bien se impuso, empezaron las regulaciones y limitaciones, pero aun así el sistema se sigue usando.

Hubo, además, taxistas que se sumaron al mecanismo de Uber, cosa que no alegró a los clientes. Quien llama a Uber busca salir de la incomodidad del taxi y se fastidiará al ver que una vez pedido, le aparece un vehículo con mampara incluida. Es verdad que en muchas ciudades, los taxis operan con las dos modalidades, pero sus autos son limpios, cómodos, no tienen mampara y quienes los manejan son amables.

Conocemos lo que piensa la gremial de taxis: que el uso de la mampara sea opcional. Sospechamos que el sindicato de trabajadores de taxis, se resistirá. Todavía no sabemos que decidirá la Intendencia. Pero hay algo que es universal: el cliente sí quiere que esa mampara se elimine. El servicio tiene su costo, y por lo tanto quien lo usa reclama su derecho a que sea bueno.

Al buscar soluciones para el transporte capitalino, no solo hay que pensar en las sendas rápidas para los buses, sino además en como prestan servicios lo taxis y el Uber. Todo forma parte de un funcionamiento que debe ser eficaz, seguro y confortable y que sirva del mejor modo posible a los pasajeros que lo usan. Ellos son la prioridad.

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