Con una notoria ausencia de liderazgo y una polarización interna nunca antes vista, el FA rema un segundo año de gobierno caracterizado por marchas y contramarchas y un inédito nivel de divergencias internas.
Parece no haber nadie que ponga orden: el 2 de marzo el presidente anuncia una cosa, y prácticamente el mismo día aparecen legisladores oficialistas que salen a refutarlo.
La acción de gobierno es como el concierto de una orquesta. Los músicos se toman unos minutos antes de empezar para afinar los instrumentos.
Este FA se salteó esa etapa y a más de un año de gestión, desafina demasiado. El episodio más reciente es el del proyecto de túnel en 18 de Julio, anunciado con bombos y platillos como la solución definitiva a la movilidad montevideana, que ahora se cancela a pedido del intendente Bergara.
Ya ni siquiera se puede hablar del conflicto MPP-PC, porque el hecho mismo de que Bergara haya sido electo intendente se debió en su momento a su apoyo explícito al precandidato Orsi en la interna frenteamplista de 2024. Fue vox populi que el respaldo del MPP a Bergara surgió de una negociación a partir de esa actitud recíproca previa.
Pero la coincidencia entre Orsi y el intendente en contra del soterramiento, creó malestar en las filas del propio MPP, al punto que Bergara se queja de la “deshonestidad intelectual” de quienes insisten en ello.
Mientras tanto, la opinión pública se sorprende todos los días de esta impúdica exhibición -prácticamente diaria- de desavenencias entre los dirigentes que tienen a cargo la conducción política del país y la capital.
A un año de asumir el gobierno, no parecen haber entendido que la ciudadanía espera coherencia de gestión y no un gobierno en estado de asamblea permanente para decidir si habrá Ministerio de Justicia o no, si se confirmará a Mónica Ferrero como Fiscal de Corte o se la desplazará, si la ciudad se seguirá poblando de gente en situación de calle o lo parará alguien, si se continuará avanzando con China pese a la “presión insostenible” de EE.UU. reconocida por Oddone, si los ultras insistirán con sus engendros tributarios y de política laboral, si se reformará la legislación para vender a privados acciones de las empresas públicas como prometió Sánchez, y un larguísimo etcétera.
El caso de la movilidad céntrica es especialmente emblemático, porque enfrenta a Orsi con su secretario Alejandro Sánchez. Son los dirigentes principales del mismo sector y hacen pública su diferencia.
Quien lo ve de afuera, no percibe una puja entre dos corrientes mayoritarios, sino lisa y llanamente un todos contra todos.
Ya no los une el amor sino el espanto hacia lo construido antes por la Coalición Republicana.
Por eso insisten en la solución hídrica de Casupá, condenada de antemano al fracaso por esperar el recurso de la misma fuente que se agota en cada sequía.
Por eso desecharon durante el quinquenio anterior el eficiente sistema de tranvías propuesto desde el ministerio de José Luis Falero: la exintendenta Cosse se apuró a hacer una antiestética y onerosa bicisenda en la misma área donde se proyectaba la instalación del tranvía.
Y consultada en estos días sobre el tema, la actual vicepresidenta se limitó a decir que ella ya había propuesto una solución al gobierno anterior sin haber sido escuchada (fue más bien al revés).
Lo cierto es que no se puede gobernar a golpes de improvisación, declaraciones ambiguas y debates internos volanteados a plena luz del día. Pasan los meses y la ciudadanía comprueba que no cumplen las promesas de campaña, toman decisiones equivocadas -como un presupuesto diseñado con base en previsiones de crecimiento imposibles- y después las echan para atrás cargándole el fardo a la situación internacional.
A esta altura, ya ni siquiera da para pedirles que sean criteriosos en el manejo de la macroeconomía. Deberíamos exigirles que, bueno o malo, decidan qué quieren hacer, y no continúen bamboleándose a impulsos de estímulos contradictorios. Y que una vez decidido y ejecutado lo que desean, lo acaten y acallen un poco ese runrún permanente de sus barras.
La oposición está para apoyar aquellas medidas que considere razonables, pero si entre ellos no se ponen de acuerdo antes, poco podrá aportar.
Tal vez es tiempo de que esta orquesta se tome una semana de asueto para afinar los instrumentos.