EDITORIAL
diario El País

No se precisa acuerdo

Lo que el país precisa es lealtad institucional de parte de la oposición. Que en momentos de tanta zozobra, en vez de plantear propuestas demagógicas o de dar manija a través de las fuerzas sindicales tan afines al FA, la izquierda asuma su lugar de responsabilidad.

No es novedad que sufrimos una situación de emergencia sanitaria, social y económica, y que es difícil saber hasta cuándo perdurará. Ante circunstancias tan excepcionales, el Frente Amplio (FA) ha planteado la necesidad de un gran acuerdo político nacional.

La idea parecería bien intencionada. Se trata de enfrentar todos juntos los gravísimos problemas que genera esta pandemia mundial con propuestas consensuadas entre todos los actores políticos. Se trataría así de buscar acuerdos entre los partidos oficialistas y el FA, de forma de compartir la responsabilidad del rumbo que debe tomar el país en estos seguramente muy acuciantes meses que tendremos por delante. Empero, más allá de las buenas intenciones que la puedan motivar, se trata de una idea equivocada por varios motivos.

Primero, es equivocada porque no estamos teniendo un problema de gobernabilidad. Aquí hay una mayoría de gobierno en el Parlamento, formada por una coalición de partidos que funciona dando su total respaldo al Ejecutivo. No se precisan votos del FA para sostener un gobierno frágil, ni se precisan apoyos políticos en el Parlamento para votar tal o cual ley que carecería de respaldo partidario.

Segundo, es equivocada porque no estamos teniendo un problema de ejecutividad en las acciones de gobierno. Aquí hay un mando bien claro en torno al presidente de la República, y una acción contundente de distintos ministerios dirigidos por las principales figuras de cuatro de los partidos que conforman la coalición gobernante. Las medidas que se han tomado son numerosas y diversas, desde la salud pública hasta la seguridad social, pasando por la colaboración de Defensa, de Relaciones Exteriores, de Interior o de Desarrollo Social, para tomar solo las áreas más protagonistas en estas semanas. Todas ellas han tendido hacia un mismo objetivo patriótico, y todas han funcionado muy bien.

Tercero, es equivocada porque no respeta el mandato popular que acaba de señalar el pueblo votando en 2019. En efecto, en las tres ocasiones que fue convocado a las urnas, el pueblo uruguayo señaló claramente que no quiere que gobierne más el FA. En junio, cuando votó ampliamente al Partido Nacional; en octubre, cuando definió que hubiera una clarísima mayoría parlamentaria conformada por los partidos que ya se habían comprometido a apoyar al candidato presidencial que en el balotaje enfrentara al candidato del FA; y en noviembre, dando una mayoría sólida en favor del candidato Lacalle Pou, que abarcó a 17 departamentos en 19 y a los barrios más poblados de Montevideo.

Así las cosas, el gobierno está ejerciendo el mando que le corresponde por su legitimidad de origen, y lo está haciendo con una legitimidad de ejercicio que pone de relieve su eficiencia y su enorme capacidad de trabajo. Sus respaldos ciudadanos y sectoriales, tanto en la opinión pública como en la acción de los partidos que lo apoyan en el Parlamento, están intactos y muy conformes con la manera en la que se ha enfrentado esta tragedia a pocos días de haber tomado el poder. No hay motivo entonces para ceder posiciones a un FA que fue puesto por el voto de la gente en un lugar que claramente no es el del gobierno de la República para el período 2020-2025. Además, el mentado acuerdo nacional sería un error por un motivo muy importante: en estas semanas ha quedado claro que las propuestas del FA no son las del gobierno para enfrentar la crisis que estamos viviendo. En efecto, el FA ha planteado medidas que el oficialismo no está dispuesto a llevar adelante porque, evidentemente, son de una enorme demagogia e irresponsabilidad: desde suspender el aumento de tarifas, en momentos en que más precisarán las empresas públicas ajustar sus ingresos por causas de previsibles bajas de facturación, hasta promover ingresos para centenares de miles de personas, como si el Estado fuera un barril de plata del cual poder tomar dinero para repartir a diestra y siniestra sin importar más nada. ¿Cómo se podría tomar medidas consensuadas, cuando se tienen estrategias tan distintas para enfrentar la crisis?

Lo que el país sí precisa es lealtad institucional de parte de la oposición. El país precisa que en momentos de tanta zozobra, en vez de plantear propuestas demagógicas o de dar manija a través de las fuerzas sindicales tan afines al FA, la izquierda asuma su lugar de responsabilidad respaldando el rumbo general que ha tomado nuestro gobierno.

El FA debe aceptar, de una vez por todas, que perdió las elecciones: los uruguayos quisieron que gobernaran otros partidos. Es lo que se está haciendo.

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