Ni olvido ni perdón

SE dice que errar es humano y perdonar es divino, para confrontar la pequeñez del individuo frente a la grandeza espiritual de Dios. Ocurre que el hombre puede perdonar, pero si perdona con sinceridad, está de alguna manera abriéndole el paso al olvido. Por eso, por ejemplo, por perdonar la hipocresía de la izquierda el país tiende a olvidarse que en el pacto del Club Naval pagaba y pagó cualquier precio a cambio de la reivindicación política del Frente Amplio como tal. Fue ese precio que quiso rescatar después, invocando una especie de vicio de consentimiento en términos jurídicos —argumento inadmisible— cuando se embarcó en el referéndum contra lo que denominó la impunidad, que a plena conciencia concedió a los excesos de militares y asimilados en actos de servicio durante el régimen de facto. Por eso también se justifica que exista lo imperdonable, y por consiguiente, lo que no se puede olvidar nunca, y hay que recordar siempre de tanto en tanto. Nos estamos refiriendo, en el marco general del atentado a la patria que la guerrilla significó provocando el golpe de Estado, al hecho concreto del delito irredimible del hurto de la Bandera de los Treinta y Tres Orientales.

ENRIQUE BeltrAn, con su oportunidad de siempre, lo hizo desde su "Recodo" el 24 de abril clamando entonces por una reparación nacional. "No hubo nadie por mérito que ostentara, por arrogancia que se atribuyera, por perverso humor en que soliera complacerse, ni siquiera por la caterva de delitos que llevara encima, que se viera tentado a sacar la bandera de su sagrario y robársela a su pueblo", dijo entonces el decano del periodismo de opinión uruguayo. Es que lo que parecía imposible y sin embargo ocurrió se trató precisamente de eso, de un delito contra el pueblo, que más allá de tipificaciones penales específicas es en esencia un delito contra la patria. ¿Para qué y a título de qué? ¿Qué molestia podía ocasionarle a estos rapiñeros del sentimiento nacional, a estos irreverentes poseídos por el delirio, que aquella reliquia, el pabellón de los Treinta y Tres Orientales, siguiendo al cual tantos se inmolaron en aras de su proclama de Libertad o Muerte, permaneciera en el sitio que le corresponde, en el patrimonio de la colectividad a la que sirvió en cada jalón del proceso de la independencia?

La pregunta no tiene respuesta. Los espiritualmente impermeables no pueden explicar lo que está marcado en su índole. Así nacieron y así morirán. Ante esa clase de insensibilidad no hay arrepentimiento ni desarraigo posible. Es una forma de degeneración. Por eso lo del título: ni olvido ni perdón.

FUERON delincuentes comunes que no se detuvieron ante el respeto de la propiedad, de la libertad, de la vida de nadie, a quienes se les concedió un indulto merced al cual muchos de ellos hoy están escalando a posiciones de gobierno y podrían llegar a ser hasta presidentes. No importa a qué logias o sector de las bandas liberticidas pertenecían. Todos son en definitiva lo mismo, tanto da que sean tupas, opeerres, maoístas, leninistas, anarcos, o afectados por cualquier otra ideología enfermiza. Los diferencia —digámoslo finamente— está en el color del collar. Lo que queda, que no es poco, de aquel pelotón de inconscientes, forma parte hoy de la mayoría, nada menos que alrededor de un tercio según encuestas, de una "fuerza política" —así la llama el más que cuestionado candidato presidencial— que aspira a llegar al gobierno nacional. En la medida que va pasando el tiempo esa perspectiva se va a su vez enturbiando por muchas razones, entre las cuales la más significativa está en la pérdida de equilibrio de los más representativos de la banda. Ya el Senador Mujica, de su estilo tradicionalmente suficiente y populachero, pasó a descontrolarse en su léxico hacia lo chabacano y lo ordinario. Eso es característico de las expresiones de miedo. Sí, de miedo, porque a lo que le tienen miedo en definitiva es a la democracia, el primer objetivo de la guerra que desencadenaron en contra de las instituciones a las que ahora quieren controlar.

Cree Beltrán que muy probablemente la bandera de la Libertad no exista más. Pero que nadie se confunda porque si nos robaron y destrozaron el símbolo, quedamos quienes vamos a defender los valores que representaba. Una vez más, para quienes cometieron ese acto de vilipendio, ni olvido ni perdón. No paredón, como culminaba la consigna del comunismo cubano por parte de quienes la entonaban y entonan aún con entusiasmo para hacer la apología de sus asesinatos. Tienen esa suerte, que tampoco sus venerados maestros de la pobre Isla han repartido con equidad. Además del grado de cinismo que ha impedido cumplir con el perentorio acto de arrepentimiento público a todos los uruguayos, en definitiva las víctimas del sacrilegio.

Lenguaje mujiquinesco

El lenguaje soez que utiliza el senador tupamaro Mujica para dirigirse a la ciudadanía, ya sea por televisión, por radio o en discursos que pronuncia ante azorados auditorios, lamentablemente ha provocado la aparición de émulos que creen que de esa manera impresionan a la gente y a las autoridades. Entre el Banco Central y AEBU se produjo un encontronazo con motivo de la resolución del Banco de tercerizar los fondos liquidadores de los tres bancos quebrados, lo cual —según se ha hecho conocer— cuenta, nada menos ni nada más, con el apoyo de los ahorristas. Claro que esto trajo como consecuencia una situación difícil a los 284 funcionarios suspendidos con la decisión. Y el asunto está para discutirse —o ya se debatió— en la Dirección Nacional de Trabajo. Todo ello llevó a un dirigente gremial a decir que "El Banco Central del Uruguay nos importa tres pitos...". La verdad que da lástima ver, oír y leer este lenguaje tan bajo.

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