La noticia más importante en política exterior desde la formación del Mercosur en 1991 ha sido la aceptación de la candidatura de Uruguay a integrarse al llamado acuerdo integral y progresista para la asociación transpacífico (CPTPP por sus siglas en inglés). Hoy lo integran doce países, Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y el Reino Unido, y muy prontamente seguramente se sume Costa Rica.
Esta candidatura implicará de parte de Uruguay un fuerte trabajo de negociación internacional y de reformas locales para adaptarse a las exigencias y ventajas del CPTPP.
En efecto, nuestra cancillería debe presentar una oferta de apertura comercial y económica a ser aceptada por consenso por los países del CPTPP.
Y se debe por tanto también prestar atención a rubros y sectores que precisarán de mayor tiempo y cuidado para poder adaptarse a la nueva circunstancia de mayor competencia internacional.
Aquí es donde la oportunidad del CPTPP debe ser preservada y protegida por un sentido de unidad nacional y de reformismo económico muy potentes. Por un lado, es evidente que este camino ha sido querido por los partidos de la Coalición Republicana (CR) que hoy están en la oposición: fue el gobierno de Lacalle Pou el que adelantó el camino y dejó al país en la puerta de la aceptación del CPTPP. Por otro lado, ha sido claro el presidente y su ministro de economía en apoyar este proceso de manera de coincidir entonces en avanzar en este camino: fueron fundamentales sus iniciativas expresadas a los doce países del CPTPP para convencerlos de proseguir en el rumbo de la candidatura de Uruguay.
El problema estará en torno a las fuerzas reaccionarias de siempre formadas por una parte de la izquierda del Frente Amplio (FA) y por el sindicalismo nucleado en torno al Pit- Cnt. Es que es sabido, por comparación internacional pero también por lo que ya vivimos con el imperfecto Mercosur en los años 90, que un proceso de apertura de este tipo genera movimientos y resistencias políticas, sociales e incluso en algún caso empresariales-sectoriales. Por poner un solo ejemplo: parte de la apertura que promueve el CPTPP refiere a la libertad para competir en igualdad de condiciones para ofertas de compras estatales, independientemente del origen de las empresas que decidan participar de esos procesos. Eso no implicará necesariamente que una empresa de Brunéi pueda pasar a interesarse por nuestro mercado local, por ejemplo. Pero sí quizás alguna de Perú o de Costa Rica, países con los cuales nuestro nivel de apertura aumentará gracias al CPTPP.
La verdad es que. más allá del impulso potente que el presidente y el ministro de economía dieron a la candidatura de Uruguay dentro del CPTPP, las bases ideológicas del oficialismo y sus movimientos más activos tanto en el sindicalismo como dentro del FA no son adeptos del libre comercio: alcance con recordar, en este sentido, que el tratado de libre comercio firmado con Chile en la segunda administración Vázquez contó con el apoyo en el Senado de blancos, colorados y partido Independiente para poder concretarse, ya que no había votos del FA para ello.
La importancia del desafío que tenemos por delante es entonces doble. Por un lado, es muy relevante avanzar con rapidez en la negociación técnica con el CPTPP: Costa Rica logrará la incorporación total en un proceso que terminará durando solamente algo más de un año. Por otro lado, los partidos de la CR deberán en este tema asegurarle al país ser los verdaderos defensores del interés nacional: frente a las resistencias ideologizadas que llegarán de parte de comunistas, socialistas, parte de los tupamaros, algunos integrantes de la izquierda intelectual- académica, y por supuesto de las principales corrientes del Pit-Cnt, el Uruguay tendrá el problema de que el presidente estará solo para defender el proceso del CPTPP.
Allí es cuando la CR deberá apoyar al CPTPP y por tanto prestar su respaldo político para formar mayorías parlamentarias rápidamente en favor, por ejemplo, de las modificaciones legales que este proceso exigirá.
Ya perdimos veinte años por causa de la ceguera izquierdista: en 2006, el FA hundió el tratado de libre comercio con Estados Unidos. No podemos permitirnos que el mismo FA ideologizado vuelva a hundir el futuro del país, esta vez demorando eternamente los cambios que se requerirán para integrarse cabalmente al CPTPP. Ya que el proceso se inició, que sea la CR que asegure que llegará a buen término.