La izquierda adolescente

EDITORIAL

El Uruguay está harto de que se denigre el esfuerzo para ganar más dinero honestamente, lo cual implica sacrificarse y trabajar más. Y está cansado de que dirigentes sindicales y políticos de izquierda sean contemplativos con esta especie de dictadura de la delincuencia.

Causaron indignación las declaraciones de hace unos días de un integrante de la Federación de empleados de comercios y servicios (Fuecys) luego del asesinato de un joven empleado en un pequeño supermercado de Pocitos.

Es que ellas podrían formar parte del talante propio de nuestra izquierda que consiste en no hacerse cargo de sus responsabilidades y figurar, por tanto, como una eterna adolescente.

"Un comercio abierto hasta las once- doce de la noche, con uno o dos empleados, parecería demasiada exposición", dijo el dirigente de Fuecys, por lo que, según él, se estaría así "casi que entregando el local" a la delincuencia. La lógica del razonamiento es la misma que repetidas veces han defendido Bonomi y Vázquez en distintas declaraciones a la prensa: si Ud. es víctima de una rapiña es porque, seguramente, algo estaría haciendo mal; y si alguien muere asesinado, lo más probable es que anduviera en algo extraño.

La responsabilidad pasa a ser así del damnificado. En el caso de esta cadena de supermercados, que ya había sido asaltada en la jornada en la que murió trágicamente un turista brasileño a causa de la persecución a los delincuentes que protagonizaron ese atraco, el problema es la hora en la que están abiertos los locales o incluso la cantidad de empleados que hacen su tarea. El problema no es la pésima gestión de asegurar el orden y la tranquilidad a la ciudadanía, que es de la autoridad máxima del Ministerio del Interior, sino que el razonamiento del dirigente de Fuecys es que, a partir de cierta hora (¿cuál sería? porque en verdad las rapiñas ocurren a lo largo de todo el día), los comercios debieran de estar cerrados para evitar ser "entregados" a la delincuencia.

Es un error creer que esta forma de razonar en la que nunca se asumen las responsabilidades políticas es nueva. En realidad, ella se verifica en varios de los casos que sitúan siempre a la izquierda en el lugar del adolescente que no madura y que siempre es víctima de las circunstancias.

Ocurre, por ejemplo, cuando el relato izquierdista de la historia quiere hacernos creer que el golpe de Estado de 1973 fue culpa de unos militares y políticos golpistas, sin asumir jamás su enorme responsabilidad por haber atacado con actos terroristas y voluntad destructora, y al menos desde 1963, a una democracia ejemplar como era la uruguaya de esos años; o cuando la izquierda critica la salida democrática de 1984-1985 porque resolvió mal el problema de las violaciones a los derechos humanos en tiempos de dictadura, sin asumir jamás su enorme responsabilidad al haber pactado con los militares en el Club Naval; o cuando la izquierda hundió en la crítica al gobierno de Jorge Batlle, sin asumir jamás su enorme responsabilidad por haber planteado insensatos caminos de salida a la crisis que implicaban un default internacional de la deuda del país.

O más actual aún, ocurre cuando la izquierda describe las situaciones de calle que hoy en día sufren centenares de personas sobre todo en la capital, con campamentos en lugares públicos, sin asumir jamás que hace ya casi 15 años que está al frente de un Ministerio de Desarrollo Social con millonarios recursos que, justamente, debieran resolver esas situaciones; o cuando la izquierda quiere pasar las culpas de la actual situación de desasosiego social con respecto a los jóvenes delincuentes diciendo que, en realidad, ellos nacieron antes de 2005, sin asumir jamás la responsabilidad de que ha recibido en esta década larga de gobierno la mayor cantidad de ingresos fiscales por causa de una bonanza económica formidable, que le ha dejado millones y millones de dólares para enfrentar esa anomia social, y que en verdad nada sustancial y positivo ha hecho.

El país está harto de excusas. La opinión pública está cansada de las retóricas como la del dirigente de Fuecys, que en vez de pedir responsabilidades allí donde deben ser exigidas, traslada culpas o siembra sospechas en actitudes y comportamientos que en realidad son muy legítimos, como por ejemplo abrir locales de servicios en horarios nocturnos.

El Uruguay está harto de que se denigre el esfuerzo para ganar más dinero honestamente, lo cual implica sacrificarse y trabajar más. Y está cansado de que dirigentes sindicales y políticos de izquierda sean contemplativos con esta especie de dictadura de la delincuencia que impide transitar libremente y a cualquier hora las calles de la ciudad.

Es tiempo de terminar con este talante adolescente que lleva al país al despeñadero. Es tiempo de hacerse responsable.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar