La historia sesgada

Periódicamente señalamos aquí episodios que muestran el sesgo con el que se narra la historia del Uruguay en un sentido siempre pro-izquierdista y anti-partidos tradicionales. Se trata de un relato hilvanado por figuras que por lo general trabajan en alguna dependencia de la Universidad de la República. Es decir, son personas pagas por nuestros impuestos que se dedican a escribir una vulgar propaganda con pretensión de rigor histórico.

En estas semanas el protagonismo fue ocupado por Magdalena Broquetas. Con un afán digno de mejor causa, hace años que viene queriendo establecer la falsa tesis según la cual había en el país a fines de los cincuenta e inicios de los sesenta grupos de derechas golpistas, autoritarios, filo-fascistas y similares, vinculados además a los partidos tradicionales y en particular al Partido Nacional, que fueron el caldo de cultivo del golpe de Estado de 1973.

Todo eso cumple con el objetivo político pro-frenteamplista de exculpar, disimular, relativizar y disminuir la enorme responsabilidad que la izquierda guerrillera, y que sus antecedentes violentos sobre todo comunistas, tuvieron en el descalabro de la democracia de aquellos años.

Pero otra de las tareas de estos historiadores de izquierda rentados por el Estado para abonar tesis favorables a sus sectores políticos consiste en criticar al diario El País por haber estado alineado con la dictadura. La de 1973, claro está, porque para estos operadores de izquierda el posicionamiento de El País con respecto a la de 1933 no es para nada relevante.

Sin duda alguna, hubo momentos claves de esa época en los que este diario fijó posiciones coincidentes con las del gobierno de facto. Negarlo sería falsear la historia, así como también es falsear la historia relativizar la gravedad del atentado a la democracia que significó, desde 1963 y hasta 1974 inclusive por lo menos, el accionar nacional e internacional de los movimientos guerrilleros izquierdistas uruguayos.

El tema es que a poco que se hurgue con rigor histórico en todo ese asunto la realidad es mucho más complicada que la simplificación intelectual y la poca profundidad conceptual de los historiadores del estilo Broquetas.

Por poner un ejemplo muy claro, dentro de tantos otros, se puede citar el posicionamiento de El País en el plebiscito constitucional de noviembre de 1980. A nadie escapa lo que todos estos historiadores (y politólogos) pro-Frente Amplio señalan con decisión, que es que El País tuvo una posición en favor del Sí.

Sin embargo, ya sea porque son poco rigurosos y no trabajan bien sus investigaciones, o ya sea porque se complacen en figurar como simples vocacionales propagandistas de la izquierda, el relato que generan nunca testimonia y analiza la complejidad de lo que verdaderamente ocurrió.

Para el caso, nunca ninguno de ellos ha narrado que por espacio de ocho semanas durante julio y agosto de 1980, el editorial de los jueves de este diario, que por aquel entonces era escrito por Washington Beltrán, se dedicó a criticar con fiereza y sesudos argumentos el proyecto constitucional que iba a ser objeto de plebiscito el 30 de noviembre. Es decir, se manifestó de la forma más contundente, con razones de fondo, en favor del No.

Y cuando el diario fijó su posición en favor del Sí, en agosto, Beltrán no escribió una sola línea más hasta pasado el plebiscito. Evidentemente, hubo allí una tensión interna muy fuerte, que llevó incluso al Dr. Washington Beltrán Storace, hijo del director del diario y periodista a su vez, el martes 18 de noviembre de 1980, a señalar en El País, en una respuesta en una polémica con Néstor Bolentini, que su padre estaba “proscripto” y que el proyecto constitucional en cuestión era “inaceptable”.

En vez de mostrar la complejidad de la trama periodística de ese entonces, que por cierto no era muy distinta a la situación que vivían todas las familias uruguayas en donde el Sí y el No convivían (fueron 945.176 votos por el No y 707.118 votos por el Sí), los historiadores de izquierda siempre prefieren escribir blandiendo su brocha gorda ideológica, esa que les da la tranquilidad de poner a sus enemigos de un lado - los que estaban a favor del Sí, incluido El País -, y a sus amigos que votaban por el No del otro.

En cada tema relevante del pasado reciente ellos prefieren sostener sus relatos de baja calidad que benefician a sus partidos afines antes que cumplir con la tarea rigurosa del buen historiador. Infelizmente, dejémoslo bien claro, se trata de análisis simplistas que se sirven de los recursos públicos de la Universidad.

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