La coalición criticada

No se trata aquí de estar a favor o en contra de la Coalición Republicana (CR), entendida esta como una alianza formada sobre todo por el Partido Nacional (PN) y el Partido Colorado (PC), junto a otros partidos, para presentarse bajo un mismo lema en elecciones nacionales y departamentales. Pero se trata sí de preservar la calidad del debate acerca de los argumentos a favor y en contra de esa posible coalición.

Está ocurriendo algo previsible: a medida que la CR gana adeptos dentro de los partidos tradicionales, una corte de conocidos analistas y politólogos afines a la izquierda procuran utilizar sus respetados lugares de académicos especializados en estos temas para argumentar en contra del proyecto. En realidad, esa corte está muy preocupada porque sabe perfectamente que una CR funcionando es un enorme desafío para que el Frente Amplio (FA) alcance mayorías propias en la elección legislativa de octubre, y para que la izquierda tenga verdaderas chances de competir en elecciones departamentales claves como son, por ejemplo, Lavalleja, Río Negro, Salto, Paysandú y Rocha.

Cuando las papas queman para la izquierda siempre aparece un politólogo especialista en temas electorales, muy ligado en su juventud a Líber Seregni, para presentar argumentos contrarios a la CR. Aduce, por ejemplo, que una alianza de este tipo perjudicaría la representación en Diputados del PC en favor del PN, ya que se pasaría a favorecer internamente en la CR al polo partidario hoy mayoritario. Pero, en verdad, todo el mundo sabe que semejante afirmación es un error analítico tan grave como infantil.

En efecto, ese politólogo razona partiendo de la base de que la conformación de la CR no incidiría para nada en dinámicas sectoriales, de agrupaciones y de listas partidarias. La falta de imaginación aquí es entonces funcional al posicionamiento pro-FA. Procura evitar a toda costa que se forme la CR. Porque es evidente que si la CR sale a la luz, desde la propia instancia de elecciones internas todo cambiará a nivel de liderazgos locales, alianzas sectoriales posibles, acuerdos nacionales con proyecciones departamentales posteriores (y hasta municipales), acumulaciones por sublemas al Senado que permitirán alianzas nacionales completamente distintas a la que estamos acostumbrados hoy, y una larga lista de etcéteras electorales que los dirigentes políticos sin duda sabrán llenar en función de sus intereses y expectativas.

Basarse en lo que fueron resultados pasados para proyectarlos como realidades futuras de sectores y partidos en forma coalicionista es un error metodológico que deja en ridículo todo el argumento del reputado politólogo en cuestión.

Otros defensores del FA desde la academia interesada para criticar a la CR utilizan el argumento de que semejante alianza desdibujaría a los partidos tradicionales y que por tanto la democracia uruguaya perderá calidad. Si no fuera porque se sabe que este tipo de politólogos han sido formados en su juventud por el Partido Comunista en el Uruguay, cualquiera diría que se trata simplemente de barata propaganda de barricada. ¿Acaso desde esa visión de las cosas se ha planteado alguna vez que la alianza que forma al FA, por ser tal, daña la calidad de la democracia o las fortalezas identitarias de cada uno de los partidos que lo integran? Obviamente que no.

¿Acaso esos análisis no consultaron, así más no sea por teléfono, a las dirigencias de los partidos tradicionales que en sus departamentos y localidades ya han utilizado la CR como herramienta electoral, qué resultados identitarios han obtenido, o si están disconformes con el proceso ya emprendido? La característica para realizar llamadas de larga distancia nacional a Salto es el 473, y a Canelones es el 433: vale la pena ayudar así a los primeros pasos de esa investigación politológica jamás realizada por estos fieles compañeros de ruta del FA.

Ni blancos ni colorados han perdido identidad por integrar la CR allí donde ella ha funcionado. Y no es verdad tampoco que no pueda medirse el éxito electoral para la CR: en Salto ganó la intendencia en 2025; y en Canelones, pasó de gobernar 9 municipios en un total de 30 en 2020, a gobernar 14 en un total de 32 en 2025, con alternancia en tres localidades en donde la CR derrotó al FA.

Suponer que la politología izquierdista va a dejar de operar en contra de la CR es un profundo error de ingenuidad. Sin embargo, es al menos exigible que no argumenten de forma tan mediocre y burdamente interesada en favor de los posicionamientos del FA al que adhieren.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar