Hoy se gobierna improvisado

Hace más de cien años, el dramaturgo italiano Luigi Pirandello estrenó una de sus piezas teatrales más célebres: Questa sera si recita a soggetto, que suele traducirse como “Esta noche se actúa improvisando”. En su afán de borrar los límites entre la realidad y la ficción, el escritor presenta a un grupo de actores forzados a improvisar una obra, pero a la vez molestos por un argumento y una dirección que no comparten.

Con el gobierno del FA está pasando lo mismo.

Esta noche, y todas las noches, gobiernan improvisando.

El guion que promovieron en 2024 planteaba generalidades teóricas y promesas maximalistas de las que poco queda en la práctica. Proponían poner el foco en la pobreza infantil, pero hace un par de semanas, la jerarca del Mides Virginia Cardozo admitió que “con este margen fiscal, es difícil que se mueva la aguja” para reducirla.

La trama de la obra también sigue en disputa. Primero fue el debate por el impuesto a los ricos, luego el que motivó el paquete de cambios tributarios sugerido por una “Unidad Técnica de Programa”, y en estos días se suma un nuevo frente de conflicto: el resultado del famoso “diálogo social”, según el cual se barrerían las AFAPs, pese a que la permanencia del sistema inaugurado en 1997 fue respaldada en una reciente consulta popular. Las organizaciones participantes en ese diálogo reclaman el cumplimiento de una de las promesas del FA en campaña electoral: que se corte todo vínculo entre los trabajadores y las AFAP, volviendo a transferir sus aportes directamente al BPS.

Un inmejorable mensaje para la atracción de inversores: no te metas en Uruguay que te pueden cambiar las reglas de juego en cualquier momento, por uno de estos inefables dialoguistas sociales que no se sabe a quién representan. Para colmo vuelven a perforar el sistema (como ya lo habían hecho en el pasado ciclo frenteamplista), ahora insistiendo en la jubilación a los 60, y encima prometiendo mejorar la tasa de reemplazo para quienes, a esa edad, perciban ingresos más bajos. Porque siempre es más lindo ser rico y sano que pobre y enfermo.

Y si hablamos del elenco de esta obra, también hay improvisaciones.

La Diaria informó que el delegado uruguayo de la Comisión de Estupefacientes de la ONU, Milton Romani, renunció porque ese organismo no contaba con traductores al español, lo que “lesiona gravemente uno de los principios fundamentales del multilateralismo, como lo es el multilenguaje”. Dicho más simple: como no entendía inglés, se fue. O el caso de una jerarca de la secretaría de Derechos Humanos a quien le viralizaron unos audios en que hacía comentarios homofóbicos contra integrantes de su propio gobierno.

La obra también tiene giros de guión bastante extravagantes, como el anuncio de la Intendencia de Montevideo de que la fiscalización de las patinetas podría incluir su “registro o empadronamiento, lo que abriría la puerta a la aplicación de tributos”, según informó Montevideo Portal. Solo faltaría que cobraran patente de rodados a los pasean por la rambla en patines.

El panorama es cada vez más complicado, porque de un lado están los agentes económicos que se inquietan en forma creciente por estas contradicciones flagrantes, pero por el otro la propia militancia frenteamplista, que se avergüenza de tantas contramarchas y tanto fiscalazo.

No es apresurado ni oportunista admitir lo que ya es evidente: no están preparados para gobernar. Carecen de cuadros capacitados para asumir ese compromiso y, si los tienen, han demostrado especial impericia, seleccionando a los menos adecuados.

También brilla por su ausencia el liderazgo, porque tamañas incoherencias se atenuarían un poco si se viera a un presidente tomando decisiones contundentes y apagando incendios, en vez de alimentarlos con declaraciones ambiguas.

La improvisación puede ser un gran recurso a la hora de crear una obra artística, pero no parece aconsejable para quien ha sido mandatado a gobernar un país pequeño, en un momento tan convulsionado a nivel internacional.

Sería deseable que el gobierno, en lugar de preocuparse por lanzar ideas aisladas buscando impactos de popularidad, depurara sus cuadros y los alineara definitivamente para perseguir metas claras. Así como vamos ahora, lo único que nos espera es una agudización del conflicto entre pragmáticos y utópicos, que podrá divertir a los polemistas recostados en el muro de yerba, pero que no traerá nada bueno para el destino de la gente.

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