Gobierno en Chile comparado

En pocos días asumirá el nuevo gobierno en Chile. Con la conformación de su gabinete José Antonio Kast envió una señal de concordia hacia el amplio espectro de chilenos que no lo votaron.

En pocas semanas asumirá la presidencia de Chile José Antonio Kast. Como todo gobierno que debuta, son en los perfiles de sus principales ministros donde aparecen las señales que la nueva administración quiere dar.

En primer lugar, se trata de un gabinete con una edad promedio de 54 años. Hay gente joven como la ministra Marín de 30 años (de la Mujer y Equidad de Género), y políticos probados en años de experiencias de gobierno como Campos (en Agricultura), de 72 años. También el equilibrio está en la paridad de sexos, con 11 mujeres y 13 hombres, y en los orígenes geográficos, con 13 de Santiago de Chile y 11 provenientes de distintas regiones a lo largo del país.

En segundo lugar, se trata de un equipo muy bien formado académicamente. No hay nadie que no tenga algún título universitario, de las áreas más diversas: a los clásicos abogados siempre presentes en casi todos los gabinetes de la región de todos los tiempos, se suman otras profesiones como la de sociólogo, sicólogo, arquitecto, médico o contador. Los orígenes de esos estudios son tan diversos como la propia variedad de universidades chilenas, con algunas de ellas ocupando hace años los primeros lugares en los rankings de las universidades de Latinoamérica.

Además, importa mucho que son varios los que presentan credenciales internacionales con las que perfeccionaron sus estudios terciarios locales: en Relaciones Exteriores el ministro tiene un MBA de la Universidad de Chicago; quien se ocupará de Hacienda es doctor en Economía de la Universidad de Duke; el de Trabajo es doctor en Economía con máster en Estadística de la Universidad de California en Berkeley; y la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación tiene un doctorado en Administración y Políticas Públicas de la Universidad George Washington.

Señalar todo esto no es simplemente listar a un conjunto de dirigentes políticos bien formados. Es también y sobre todo arrojar luz comparativa con los perfiles de los ministros actuales de nuestro país, ya que de acuerdo con los rankings dedicados a estos asuntos Chile y Uruguay son quienes gozan de las mejores democracias de Sudamérica. Es importante entonces constatar que quienes estarán a cargo del Ejecutivo en Chile tienen hoy en día una calificación universitaria muy superior a la de nuestro gabinete.

En este sentido alcanza con un par de ejemplos extremadamente claros: nuestro director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, figura clave que bien podría compararse con Hacienda de Chile, nunca logró acreditar siquiera haber terminado su doctorado en economía, más allá de sus engorrosas explicaciones cuando hace unos años se vio envuelto en varias polémicas por firmar en tanto autoridad de la universidad pública con un título terciario que en verdad no poseía. En Relaciones Exteriores, el nivel académico del ministro chileno es definitivamente muy superior al de Lubetkin, a quien no se le conoce preparación específica en asuntos internacionales y cuyo perfil ocupacional pasado nunca pasó de oficinas de prensa en agencias internacionales de destaque menor.

La comparación puede seguir. Y es que el gabinete del presidente electo de Chile juega además con una apertura política que realmente llama la atención por mirar largo en la escena local y regional. En efecto, es claro que su triunfo en balotaje fue amplísimo. Pero es claro también que Chile enfrenta el riesgo de una poderosa división social y política, una especie de grieta trasandina, que puede terminar impidiendo todo avance en favor del desarrollo y la prosperidad: allí está el ejemplo de la resistencia social que en 2019 la izquierda llevó adelante en las calles contra el gobierno de Piñera y que inmovilizó cualquier impulso reformista.

En este esquema, con la conformación de su gabinete Kast envió una señal de concordia hacia el amplio espectro de chilenos que no lo votaron, al definir que Campos, que fue ministro del presidente Lagos y de la presidenta Bachelet, integre su equipo. Se trata de un perfil que nada tiene que ver con la derecha que ganó en Chile: típico socialdemócrata de la vieja escuela, laico, profundamente democrático y apegado al orden institucional, su inclusión opera como una apertura hacia la diferencia política de parte de Kast, a la vez que funciona como una legitimación democrática muy importante para una izquierda que en el pasado reciente ha mostrado muchas dificultades para aceptar sus derrotas electorales.

Este gran gabinete de Chile tiene así mucha tarea por delante.

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