Estados Unidos presta atención

En medio de la batalla de influencias que libran las potencias más importantes que son Estados Unidos (EEUU) y China en todas partes del mundo, hay que prestar atención a las señales que están llegando desde Washington en favor de un mayor vínculo económico y comercial con Uruguay.

En primer lugar, está la carta que en diciembre pasado dos importantes senadores estadounidenses, uno del partido Republicano, Rob Portman, y otro del partido Demócrata, Bob Menéndez, enviaron al presidente Biden. Allí señalaron el interés para EEUU de entrar en negociaciones de acuerdos comerciales con los gobiernos de Uruguay y de Ecuador, países que “son aliados democráticos fuertes en América Latina”. Y agregaron que, aunque EEUU tiene ya acuerdos marco de comercio en inversión con ambos países, no existen acuerdos comerciales amplios con ninguno de los dos por lo que conviene concretarlos.

La clave política del asunto está bien expresada por los senadores: “al entablar conversaciones comerciales con los Gobiernos de Ecuador y Uruguay, la Administración tendrá la oportunidad de reafirmar su interés en América Latina y construir asociaciones más fuertes y profundas que promuevan el crecimiento económico mutuo, fomenten los valores democráticos y beneficien a los trabajadores en los Estados Unidos y en todo el hemisferio”.

En segundo lugar, está la iniciativa anunciada en junio de 2022 para fomentar inversiones estadounidenses. Se trata de la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica, que incluye a varios países de la región: Barbados, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Panamá, Perú y Uruguay.

Obviamente, la idea es generar a partir de allí un marco flexible que permita a otros países de la región sumarse más tarde, y en particular será relevante en este sentido lo que surja de la reunión entre el presidente Biden y el recientemente electo presidente de Brasil.

El objetivo de EEUU con esta asociación es profundizar lazos económicos con compromisos específicos, como por ejemplo el de avanzar en relocalizaciones de cadenas de suministros para la producción industrial en países que presenten bajo riesgo político y que sean aliados de Washington. Aquí también la clave política del asunto es evidente: la potencia de Norteamérica está buscando de esta forma contrarrestar el enorme avance que en estos lustros ha tenido China, tanto en inversiones de infraestructura como en comercio bilateral, con la gran mayoría de los países latinoamericanos.

En tercer lugar, está el encuentro bilateral que tuvo el presidente Lacalle Pou en la reciente cumbre internacional de Buenos Aires, que fue precisamente con el representante de EEUU, Christopher Dodd (y a pedido del norteamericano). Si bien las reuniones bilaterales de Dodd fueron varias, importa la señal que así envía a Uruguay en el marco general de las distintas aproximaciones políticas bilaterales de estos meses.

La posición de Uruguay en materia internacional es conocida: precisamos una mayor apertura al exterior de forma de potenciar nuestras exportaciones y así aumentar nuestras riquezas y nuestra prosperidad nacional.

A su vez, los capitales de las principales potencias mundiales con destino a inversiones productivas son siempre bienvenidos, en el entendido, además, de que Uruguay se destaca en la región por su seriedad institucional, su respeto por el estado de derecho, y por las garantías a la seguridad jurídica necesaria para inversiones de largo plazo.

En este sentido, el énfasis que Uruguay ha puesto en avanzar en un tratado de libre comercio con China está teniendo, evidentemente, consecuencias positivas. Porque en este contexto internacional es una falsa oposición plantear una apertura comercial en torno a China o a EEUU, como si las opciones fueran absolutamente excluyentes: ahí está el caso de Chile, por ejemplo, con su envidiable cantidad de tratados de libre comercio con las principales potencias del mundo que incluyen, claro está, a Washington y a Pekín.

El acelerador puesto en una negociación relevante con China parece haber hecho que EEUU preste una mayor atención a la que es, sin duda, la democracia más sólida de Latinoamérica que quiere, también sin duda alguna, profundizar sus vínculos de inversión, comercio y cooperación con la principal potencia del mundo. Enhorabuena entonces el avance constatado con EEUU: ahora importa que la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica dé prontamente resultados concretos de inversiones y comercio favorables al desarrollo nacional.

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