De Maduro al Mencho

La captura y muerte del líder del cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, más conocido como el Mencho, ha conmovido a México. No es para menos, se trata del jefe de la organización criminal más importante del país, y su caída desató una ola de atentados y ataques en todo el territorio mexicano. Apenas un adelanto de lo que pueda venir en breve, a medida que sus lugartenientes comiencen a pelear por su sucesión, como ha sucedido hace bien poco con sus “colegas” del cártel de Sinaloa, tras la caída del Mayo Zambada.

A veces, y desde un lugar tan alejado como Uruguay, es difícil hacer una imagen completa del poder que manejan estos narcos mexicanos. Su organización operaba en al menos 23 estados del país y mantenía conexiones en Estados Unidos, Europa, Asia y África, controlando rutas clave para el tráfico de fentanilo, cocaína y metanfetaminas. Se estima que manejaba una fortuna de hasta mil millones de dólares, y que unas 35 mil personas trabajaban para su organización sólo en México.

Incluso se menciona que Oseguera Cervantes era la figura que había desatado la epidemia de fentanilo que hoy azota a Estados Unidos, un tema que no es para nada menor.

Porque la pregunta del millón (o de los mil millones) es por qué el gobierno mexicano logró ahora dar con el máximo capo de la droga, que es buscado con fervor por Estados Unidos desde hace años. Aquí hay que mencionar dos hechos muy reveladores.

Para empezar, el cambio de gestión que atravesó México, con la salida del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, y la llegada al poder de su pupila Claudia Sheinbaum. López Obrador había sido muy crítico de la guerra frontal al narco lanzada por su predecesor Felipe Calderón, y había impuesto una doctrina tan nueva como delirante, la que bautizó como “abrazos y no balazos”. Esto significaba, como lo llegó a decir AMLO varias veces, que los narcos eran seres humanos, con sentimientos y razones, y que el enfrentamiento militar, no iba a lograr más resultados que sangre y muerte. Bajo cuerda, la doctrina era apoyar de alguna forma al cártel entonces más grande, el de Sinaloa, con la esperanza de que si uno dominaba, no hubiera tantos crímenes. Una “pax narco” que nunca se logró.

Con la llegada de Sheinbaum tímidamente, algunas cosas parecen estar cambiando. Aunque en este caso, parece muy claro que el cambio más fuerte vino del norte.

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la política antidrogas, y el vínculo con México, han cambiado radicalmente. Trump ha declarado como organizaciones terroristas a los principales cárteles, y ha puesto a México en una disyuntiva de hierro. O se colabora en la lucha contra el narcotráfico, y se “limpia” el apoyo político a sus jefes, o el propio Estados Unidos intervendrá militarmente en el país vecino para encargarse del tema.

Sheinbaum, que luce bastante más despabilada que su predecesor, parece haber entendido el dilema. Y ante la humillación nacional pública de que militares estadounidenses operen en suelo mexicano, ha optado por colaborar.

A esto hay que sumar un elemento nuevo y temible. Hablamos de los potentes sistemas informáticos como los que provee la empresa Palantir, que permiten análisis masivos de bases de datos, y que han demostrado ser un diferencial devastador a la hora de operaciones militares.

Si bien nada de esto ha sido confirmado oficialmente, se especula que este tipo de softwares fueron usados por los militares estadounidenses para al captura de Nicolás Maduro, dejando completamente en blanco a los sistemas de seguridad provistos por Cuba, Rusia o China a Venezuela.

Pero no sólo estas herramientas parecen vincular los casos del Mencho y de Nicolás Maduro.

Lo que une estos episodios es la decisión firme que ha tomado Donald Trump de aplicar todos sus esfuerzos a destruir el poder de los grupos narcos en su patio trasero. Vienen tiempos duros para estas organizaciones, pero también para los políticos y dirigentes corruptos que llevan años beneficiándose de dinero sucio para mantenerse en el poder.

Hay que tener una cosa en cuenta. Mientras haya gente con ganas de drogarse, y de pagar el dinero que se paga hoy por las drogas, alguien la va a proveer. Pero vivimos un momento de ofensiva severa de todo el poderío militar estadounidense, tal vez el más grande jamás visto, para enfrentar el poder narco. Es el comienzo de una nueva era.

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