EDITORIAL

El cuco neoliberal

Con Daniel Martínez corriéndose a la derecha para buscar votos del centro, desde el Partido Comunista se hacen los distraídos y vuelven a agitar con cariño y nostalgia su bandera de lucha de clases.

En la campaña electoral de 1994, el entonces intendente de Montevideo y candidato presidencial Tabaré Váz-quez había promovido un frente algo más amplio al que se conocía hasta entonces, rebautizándolo “Encuentro Progresista”. El cambio de marca era pertinente desde el punto de vista comunicacional, porque el gran desafío del FA consistía en edulcorar su imagen asociada al colectivismo marxista, que por entonces había sufrido el descrédito de la caída del muro de Berlín y la implosión del imperio soviético.

En tal contexto se produce el recordado debate televisivo que enfrentó a ese líder naciente de la izquierda con Julio María Sanguinetti. Cuando nadie lo esperaba, el entonces candidato colorado arremetió una y otra vez contra Vázquez insistiendo en un mismo punto: la filiación marxista de la mayoría del FA y el estrepitoso fracaso de esa ideología a lo largo del siglo XX.

Aunque algunos analistas en su momento cuestionaron e incluso se mofaron de la recurrencia de Sanguinetti en “agitar el cuco del marxismo”, con el diario del lunes se comprobó que allí estuvo una de las causas de su triunfo electoral.

Pasaron los años y el Frente llegó al poder en 2004, a expensas de una crisis económica profunda y un mensaje embebido en la moderación. Habían aprendido la lección. La invocación al marxismo, a lo largo de los últimos tres gobiernos, quedó frecuentemente limitada a los grupos más radicales y a la retórica sindical.

Cada vez que desde la oposición se cuestiona esa ideología, sobreviven aún las respuestas irónicas. Hace poco, el dirigente comunista Óscar Andrade se quejó de que se agiten las purgas de Stalin siempre que él defiende la interpretación marxista de la historia. Y vaya si merecen ser agitados los recuerdos de un sistema que generó más de cien millones de muertos en el mundo, por persecución política, ejecuciones sumarias y hambrunas masivas. Minimizar esos hechos objetivos con el mote de “cuco” es desconocer o pretender escamotear intencionadamente su propia existencia.

Lo interesante de constatar es que hoy, con una situación social y económica complicada, al FA no le están quedando muchas alternativas comunicacionales de defensa de su pobre gestión e incurre en agitar otro cuco, el “neoliberal” o “imperialista”.

En la campaña previa a las internas, se jugaron cien por ciento al destaque de los aspectos positivos de sus tres gobiernos. Pero el resultado electoral les demostró que tal estrategia fue absolutamente ineficaz e incapaz de contrapesar la sensación de desánimo que hay en la calle. Las decisiones “parricidas” de Daniel Martínez, al decir de su exadversaria Cosse, procuraron sin duda distanciar su oferta electoral de la que se venía ofreciendo hasta ahora, aunque el tembladeral provocado por la elección de su vice terminó siendo contraproducente.

Por eso es muy importante poner atención en los primeros mensajes que está emitiendo el FA de cara a octubre.

Como si nos introdujera en el túnel del tiempo, ahora el Comité Central del Partido Comunista emite una declaración en la que manifiesta que no se pueden evaluar los resultados de las internas “si no se los coloca en el marco de la ofensiva del imperialismo y las clases dominantes en el mundo y en nuestro país, para imponer un gigantesco ajuste sobre los pueblos, período que hemos caracterizado, y ratificamos, como de agudización de la lucha de clases”. Luego denuncian la existencia de dos proyectos de país: “el de la restauración conservadora, con entrega de la soberanía, degradación democrática, recorte de derechos y ajuste sobre los salarios, las jubilaciones y las políticas sociales” y obviamente el de ellos, limpio, lindo y bueno.

¡Qué difícil la tiene Martínez, con su inocente deseo de arrimarse al centro político, ya cómodamente dominado por los partidos fundacionales!

Con estos exitosos socios empujando más hacia la izquierda, terminarán confundiéndose con el pintoresquismo de las tendencias radicales. Y en el día a día, el gobierno da muestras de estar crecientemente coaccionado por esos envalentonados sectores, otrora minoritarios. Pasó cuando Martínez tuvo que disculparse con los comunistas ¡por haber osado criticar el desempeño político y económico de la URSS! Pasó con el canciller interino Ariel Bergamino, rechazando la posibilidad de definir al gobierno de Maduro como una dictadura.

Con el astorismo prácticamente extinguido (el politólogo Adolfo Garcé ha comparado al ministro con los indigentes que están dejando morir de hipotermia), parece claro que los radicales se adueñaron de un Frente vaciado de socialdemocracia y liberalismo. Así le irá en octubre.

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