Coherencia y coordinación

Como en tantos países del mundo, acá también se le da enorme importancia al ritual de comienzos de clases (previsto para la semana que viene) especialmente para quienes inician la primaria y secundaria.

Pasada la semana de carnaval y al terminar febrero, comienza la etapa de comprar los útiles, las túnicas, los uniformes y los textos.

En este contexto, el senador colorado (y ex presidente de la Anep) cuestionó la gestión educativa del actual gobierno al convocar al Parlamento al ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía. Para el senador colorado, no se trataba de caer en la simplificación de decir que lo que hizo la gestión anterior (la suya) estaba bien y lo que hacía la actual estaba mal. Pero sí le preocupaban ciertos retrocesos sin que ello siquiera fuera sustituido por un plan coherente.

Cuestionó lo mal articulados que estaban los planes de Primaria, Secundaria y la Universidad del Trabajo (UTU) y apuntó contra la paralización en los centros Espínola, la más profunda de las transformaciones educativas dejadas por el gobierno anterior. En algunos lados como la UTU se está desmantelando la forma con que fueron diseñados esos centros, pensados con objetivos bien definidos, dedicación fuerte de los profesores y una manera muy precisa de como trabajar con los estudiantes.

En un editorial anterior señalamos que la estrategia de modificar lo que es esencial a los centros Espínola, era un grave retroceso que afectaría a los jóvenes que vienen de las zonas socialmente más postergadas. Por eso, en aquella oportunidad hicimos un llamado a “cuidar los Centros Espínola”.

Para el senador Silva, es evidente la falta de coherencia y coordinación que hay en la estrategia oficial, cosa que afecta incluso a la formación de docentes.

Una vez más la visión corta e ideologizada del Frente se impone a la hora de conducir la muy afectada educación del país. A eso se suma el evidente temor que le tiene a los sindicatos de docentes, accediendo una vez más a sus presiones y dándoles poder e injerencia en el manejo educativo, como si la condición de sindicalistas significara automáticamente que son expertos en políticas de educación. Lo único que quieren, y eso ya se demostró en el pasado, es tener su cuota de poder.

Cuando en marzo de 2020 Tabaré Vázquez terminó su presidencia, una de las críticas más fuertes que se le hacía en ese entonces era su fracaso en mejorar la educación. De hecho había heredado ese desastre de la época de José Mujica, que pese a haber asumido la presidencia con la promesa de que su prioridad era “educación, educación y educación” nada logró en ese terreno. Para él, el gran escollo eran los sindicatos a los que, dijo, había que “hacer mierda”.

Sin embargo, acá están. Sobrevivieron a la LUC y de la mano de la Anep, volvieron al ruedo. Con las manos vacías porque ideas no tienen, a no ser la de hacer lo mismo de siempre, que es entorpecer.

Cuando regresó la democracia mucha gente creyó que, dado que contaba con importantes cuadros intelectuales y académicos, era la izquierda quien haría la gran transformación educativa. A tal punto fue así, que junto con los sindicatos, la izquierda obstaculizó todos los cambios propuestos desde el retorno de la democracia, esperando su turno.

Le dio poca importancia a la Microexperiencia elaborada por la administración de Gabito y Corbo a comienzos de los 90 y cuestionó la propuesta de Rama. Sin embargo, cuando llegaron al gobierno aquellos que tenían la ilusión de que ellos sabían sobre este tema, descubrieron que no era así.

Fue así que vinieron los pases sociales, por los que para no discriminar ni excluir se permitía pasar de grado a los rezagados con lo cual se le fue generando un problema a Secundaria. También se tomaron medidas para retomar a los que tenían demasiadas faltas con la tesis de que mejor era tenerlos en el predio del liceo que afuera.

Tanta condescendencia, casi una forma demagógica de encarar la educación, empezó a perjudicar a los estudiantes que vivían en zonas socialmente críticas. Es decir, a aquellos que por correr de atrás, más necesitaban de la educación.

La lista de desatinos podría seguir. Lo cierto es que ni ahora, como bien lo demostró el senador Roberto Silva, ni antes tuvieron una idea medianamente clara de qué hacer con la educación. En parte (no en todo) ello se debe a que se dejaron amedrentar por los sindicatos educativos. No siguieron el consejo de Mujica, que estando en el gobierno tampoco él se hizo caso a si mismo.

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