Editorial

La bomba de Astori

La deuda pública en nuestro país está en el entorno del 65% del producto, unos 40.000 millones de dólares, habiéndose incrementado como nunca antes en la historia durante esta era progresista.

Desde hace varios meses se discute el acuciante problema de la sostenibilidad fiscal del gobierno de Uruguay a partir del incremento persistente tanto del déficit fiscal como de la deuda pública. El problema se origina en que un déficit fiscal del orden del 4% depara irremediablemente el incremento de la deuda pública y, por lo tanto, una trayectoria inevitablemente explosiva si no se toman medidas para corregirlo.

La deuda pública en nuestro país está en el entorno del 65% del producto, unos 40.000 millones de dólares, habiéndose incrementado como nunca antes en la historia durante esta era progresista. Vale decir, nunca nuestro país tuvo tanta dependencia de sus acreedores ni tan a merced del juicio de los mercados financieros. Es una situación que más allá de eufemismos es compleja y presenta un flanco importante a la hora de proyectar el país en el largo plazo.

Esta situación, con los matices del caso, es admitida por todos los economistas, oficialistas y opositores, independientes y dependientes, liberales y marxistas. Pasado en limpio, todos piensan que hay que hacer una "adecuación", un "emprolijamiento", una "corrección" o un "ajuste" fiscal. Todos están de acuerdo en que es necesario bajar el déficit para que el incremento del endeudamiento no se vuelva explosivo, el asunto es que el gobierno en vez de ir reduciendo el déficit fiscal en los últimos años lo ha incrementado. Pese a las permanentes medidas de ajuste fiscal como el incremento del IRPF, del IASS, en la forma de liquidar el IRAE y en tarifas públicas, entre otros, el déficit fue aumentando a lo largo del actual período de gobierno simplemente porque el gasto público siguió incrementándose.

Es curioso, aunque entendible, que al mismo tiempo que todos los analistas coincidan en señalar la necesidad de mejorar la situación fiscal del país se descuenta que eso no ocurrirá en el actual período de gobierno, dado que no se toman medidas responsables en un año electoral. Queda la duda, por cierto, de si el país resiste en piloto automático hasta el 2020 pero resulta difícil no compartir la idea de que un gobierno que no ha hecho nada en ningún tema relevante en un quinquenio vaya a reaccionar justo en sus últimos meses.

El tema, por cierto, es acumulativo. Lo que hoy enfrentamos es la consecuencia de malas decisiones a lo largo de más de una década y, especialmente, en los años de fuerte crecimiento del producto y los ingresos. El problema no es que no se hayan crecido las arcas del estado, que lo hicieron y mucho, sino no haber tenido el buen tino de saber que una parte de esa mayor recaudación debía usarse con prudencia. Lo que ocurrió fue exactamente lo contrario. En tiempos en que era fácil manejar bien las cuentas públicas el gasto creció a un ritmo exponencial superando el pronunciado incremento de los ingresos y eso nos fue llevando a la actual coyuntura.

Es evidente que también algunos yerros importantes en el manejo de las empresas públicas contribuyeron a empeorar la situación, pero el asunto de fondo es el manejo altamente irresponsable del gasto público. Cuando era fácil ahorrar un poco se gastó como si no hubiera mañana y, como siempre, el mañana algún día llega y aquí estamos, luego de la fiesta soportando la resaca.

Es imposible justificar que luego de una bonanza excepcional en la historia del país y de la región terminemos con este problema. Si bien se le pueden señalar otros temas importantes en que las administraciones del Frente Amplio fracasaron como la educación, la salud, la infraestructura o las políticas sociales, el manejo fiscal no se queda atrás porque era infinitamente más sencillo de solucionar.

Los países que crecen y se desarrollan en el largo plazo son aquellos que logran tener trayectorias de crecimiento estables, con ciclos económicos controlados en la medida de lo posible. Para ello, uno de los factores internos clave es mantener las cuentas públicas en orden. Es cierto que la situación del país hoy no es dramática, pero es altamente preocupante caminar por la cornisa sin corregirla porque en algún momento ya no habrá tiempo para hacerlo y no sabemos cuándo será.

Pudiendo haber hecho las cosas bien el ministro Astori y el equipo económico de gobierno tienen una bomba en sus manos y su mejor idea hasta el momento ha sido rezar para que no le estalle en la cara y pasársela al próximo gobierno para que se arregle como pueda. Ojalá el gobierno que viene tenga tiempo para desactivar esa bomba, pero en todo caso la conducta del Ministro de Economía ha sido deplorable.

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