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La información era completamente contradictoria con la posición internacional de Uruguay.
Decía que Ucrania acusaba a nuestro país de formar parte de un “crimen colectivo” contra su integridad territorial, por haber enviado un representante a observar los referéndums organizados por Rusia en las zonas ucranianas ocupadas.
Pero rápidamente se aclaró el asunto. En realidad, el uruguayo que oficiaba de observador internacional, Sebastián Hagobian, no forma parte del gobierno nacional, sino que es dirigente de Asamblea Uruguay (AU), el sector del exvicepresidente Astori, y también integrante de la comisión de asuntos internacionales del Frente Amplio (FA) y de la división de relaciones internacionales y cooperación de la intendencia de Montevideo (IMM).
El ministerio de relaciones exteriores se ocupó de dejar en claro la diferencia en un comunicado específico. De esta forma ratificó lo que es la firme posición de Uruguay, que consiste en la solidaridad con Ucrania y en la denuncia del ataque ruso iniciado en febrero pasado. Era una posición que, además, por esas horas, estaba siendo ratificada por nuestro canciller en su exposición frente a la Asamblea General de la ONU.
La responsabilidad de la deplorable actitud del observador pro ruso quedó así en las puertas del FA. En efecto, a pesar de que hubo ciertas voces que desde la izquierda se alzaron contra la invasión rusa, es sabido que dentro de esa coalición hay quienes, increíblemente, consideran mucho más responsable a la OTAN y a la misma Ucrania de la decisión de atacar territorio ucraniano por parte de Moscú, que al propio régimen autocrático de Putin.
El alineamiento de Hagobian, que legitima referéndums completamente amañados por Moscú, iba en ese sentido pro ruso defendido dentro del FA.
Frente a lo que a todas luces estaba siendo un bochorno político de gran magnitud, el presidente del FA buscó cortar la polémica declarando que “el FA no solo no respalda, sino que no lo designó ni comparte que esté haciendo esa tarea” en Europa del Este, refiriéndose al dirigente de AU y jerarca de la IMM de Cosse.
Sin embargo, estas declaraciones recuerdan a aquella serie estadounidense de los años 70, “Misión imposible”, en la que al final de la grabación que describía la misión a llevar adelante, la autoridad gubernamental aclaraba al señor Phelps que “si Ud. o cualquiera de los miembros de su equipo es descubierto, capturado o herido, el secretariado negará cualquier conocimiento del asunto”. Y luego, el mensaje de la cinta se autodestruía en cinco segundos.
Porque lo que aquí se destruyó en cinco segundos fue la verosimilitud de la explicación de Pereira. ¿Cómo es posible que un dirigente del FA integrante de una comisión de asuntos internacionales (que aún no fijó posición en contra de la invasión rusa), y que trabaja en la IMM en la parte de relaciones internacionales, haya ido a la zona ocupada por Rusia en Ucrania en tiempo de referéndum en tanto observador, y que se pretenda desde el FA que se trata solamente de un viaje particular que nada tiene que ver con el posicionamiento político de toda esa coalición?
Dentro del FA hay quienes, increíblemente, consideran mucho más responsable a la OTAN y a la misma Ucrania de la decisión de atacar territorio ucraniano por parte de Moscú, que al propio régimen autocrático de Putin.
Pero hay más. Hagobian está vinculado a los temas internacionales del FA desde hace muchos años. A fines de 2016, en plena segunda administración Vázquez, Israel planteó una relación mínima con Uruguay. La respuesta crítica de Hagobian fue lanzada desde su cuenta de Twitter: “ahora que Israel propone relación mínima con Uruguay si se llevan a Petinatti y Malos Pensamientos no me ofendo para nada”. La referencia, claro está, era que el reconocido conductor radial uruguayo, cuyo trabajo seguramente no fuese del agrado de Hagobian, es de origen judío.
¿Acaso alguien del FA sancionó políticamente a Hagobian por ese comentario evidentemente racista -algo así como llévense a Israel a este judío que me molesta-? No solo no pasó nada, sino que además conservó su lugar entre los especialistas de relaciones internacionales del FA, y pasó luego a ser contratado por la IMM administrada por el FA.
Si Hagobian escribió ese texto en 2016 y no sufrió sanción política alguna, fue porque reflejaba una posición compartida dentro del FA; y al viajar a territorios ocupados por Rusia en Ucrania para hacer de observador -cuando sabido es que esa tarea está completamente mediatizada por el régimen de Putin-, está reflejando ahora un apoyo político a Moscú.
Negar todo esto como si se tratara de un capítulo de “Misión imposible”, es tomar a los uruguayos por tontos. La enmienda frenteamplista fue así tan mala como su soneto.