EDITORIAL
diario El País

La batalla cultural

Aun aquellos que no siguen de cerca la política española, probablemente hayan escuchado hablar de Cayetana Álvarez de Toledo, una joven diputada del Partido Popular muy destacada por sus encendidos discursos que reivindican los valores del liberalismo.

En estos días se supo que el PP le quitó el apoyo, como corolario de un proceso de desgaste que llegó a su clímax por declaraciones formuladas por la diputada a El País de Madrid del domingo pasado. El presidente del partido, Pablo Casado, la destituyó del cargo de vocera y se aguarda que en las próximas horas ella renuncie a su banca.

El hecho podría ser meramente anecdótico, si no fuera por uno de los argumentos en que se basó Casado para apartarla de dicho rol: según declaraciones de la propia Álvarez de Toledo, entre otros cortocircuitos, estaría el de que no se habría sentido respaldada en su voluntad de emprender "una batalla cultural" contra los disvalores proclamados por la izquierda chavista del partido Podemos, desde su posición dominante en el actual gobierno del Partido Socialista Español.

Pero leámoslo en las palabras de la propia diputada: "hay un terreno nuevo y fértil para un partido que defiende la libertad y la igualdad: el de la batalla cultural. Cada vez son más las voces de la socialdemocracia, progresistas, ilustradas y modernas que se alzan contra la espiral identitaria. Que rechazan la deriva reaccionaria emprendida por las élites de izquierdas a finales de los sesenta y que hoy se expresa mediante la discriminación, la intolerancia, lo que ahora llaman cancelación. El PP tiene que ensancharse a esas voces y liderar el gran espacio español de la razón".

Librar la batalla cultural ha sido, para Álvarez de Toledo, expresarse fuerte y claro contra ya tradicionales paradigmas de la izquierda, como la anulación de la presunción de inocencia en las leyes de violencia de género, las discriminaciones positivas que promueven ciertas minorías radicalizadas, la imposición del lenguaje inclusivo en las instituciones públicas y una educación que privilegia el adoctrinamiento sobre la valoración del conocimiento y el espíritu crítico.

La personalidad fuerte y contestataria de Álvarez de Toledo la llevó a defender con ardor ideas a veces no respaldadas por su propio partido, que debería ser quien más se identificara con ellas. Y su voluntad manifiesta de librar la imprescindible batalla cultural fue la gota que desbordó el vaso.

¿Estamos enfrentando los falsos paradigmas intelectuales heredados de 15 años de mesianismo de izquierda o nos limitamos solo a hacer las necesarias transformaciones políticas y económicas?

El columnista Santiago Navajas de la publicación online Libertad Digital, lo explica dura pero gráficamente: "comentó Cayetana Álvarez de Toledo que uno de los motivos de su destitución es que Pablo Casado no cree que sea el momento de emprender la batalla cultural. Lo que quiere decir el líder supremo del PP es que su partido no es para gente con ideología, sino para aquellos cuyas preocupaciones más altas en la vida son la contabilidad de lunes a viernes y el golf los fines de semana (...). La batalla cultural se resume en el lema ‘libres e iguales’ que repite Cayetana Álvarez de Toledo. Lo cual, en la España dominada culturalmente por nacionalistas y socialistas, es como mentar la horca en casa del ahorcado. (...) Para mostrarse más beligerante en cuestión de principios morales y políticos, a la élite de la derecha le tendrían que importar la cultura, la libertad de expresión y la autonomía intelectual. Pero la relación sado-masoquista entre la izquierda y la derecha españolas es uno de los espectáculos más fascinantes de la política internacional. Cuanto más azota, humilla y arrastra la izquierda a los del PP -y ahora también a Ciudadanos-, más suplican que no es suficiente. Lo llaman ‘moderación’. (...) En España, la derecha ha asumido que para llegar a las poltronas ha de convertirse en una copia de la izquierda, así que prefiere quemar sus libros de Hayek y Chesterton antes que arriesgarse a perder sus piscinas y sus pistas de pádel".

Son reflexiones interesantes para mirarnos en ese espejo y preguntarnos: y por casa, ¿cómo andamos?

El gobierno de coalición republicana, ¿está librando la batalla cultural contra la concepción colectivista? ¿Estamos enfrentando los falsos paradigmas intelectuales heredados de 15 años de mesianismo de izquierda y más de 50 de hegemonía cultural o nos limitamos solo a hacer las necesarias transformaciones políticas y económicas?

Hoy más que nunca importa escuchar y amplificar las voces liberales que, sin pelos en la lengua, enfrentan el pensamiento hegemónico y abren las conciencias. Que aún no hayan sido "destituidas", como le pasó a Cayetana, es un buen comienzo.

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