EDITORIAL
diario El País

Los argentinos, Mujica y la ética

El presidente electo Luis Lacalle Pou anunció hace unos días que buscaría flexibilizar las normas sobre residencia legal en el Uruguay, entre otras cosas, con la intención de aumentar el flujo de ciudadanos argentinos que eligen vivir en nuestro país.

Un proceso que se viene dando desde hace tiempo, y por razones diversas. Estamos apenas a minutos de avión, aquí los argentinos encuentran más tranquilidad, paz social, un esquema laboral más flexible, y normas tributarias más racionales.

Algunos medios argentinos, con la típica avidez de estas fechas, generaron una tormenta en un vaso de agua. Se dijo que había miles de empresarios dispuestos a cruzar el río, que abogados tributaristas estaban dando charlas en Punta del Este ante cientos de interesados, y hasta que había un “boom” de colegios en Punta del Este. Todo esto con la tradicional exuberancia emocional de nuestros hermanos allende el Plata.

Menos graciosa resultó la salida del presidente Fernández, que con un tonito amenazador y paternalista, sugirió que con el trabajo que le había dado a Uruguay salir de ciertas listas en materia de normas fiscales (a las que entró por pedido de su ex jefa y hoy supuesta subalterna, Cristina Kirchner), sería una pena que volviera a esas prácticas.

En el fondo se trata de una discusión estéril. De nuevo, no estamos ante una ola masiva de gente huyendo para Uruguay, las propias normas argentinas hacen difícil para cualquiera que intente tener una actividad empresarial en aquel país, tener residencia fiscal en otro, y las regulaciones uruguayas no blindan a nadie del apetito insaciable de las autoridades fiscales de aquel país. Punto.

Ahora, cuando ya el tema se estaba apagando, apareció el ex presidente Mujica. Que, semejante a ese rústico defensa que cuando su equipo va perdiendo 4 a 0, y quedan 5 minutos de partido, pega una patada criminal y desubicada volviendo a encender la pradera.

“En vez de traer 100 mil cagadores argentinos hagamos que los nuestros inviertan acá”, dijo ayer al diario El Observador, a la vez que retomó el discursito infantil y pranoide de muchos dirigentes de su partido, que no conformes con demonizar a Manini Ríos, decir que el nuevo gobierno eliminará todo plan social y estupideces por el estilo, también han apelado al latiguillo de que Lacalle Pou busca volver al país un “paraíso fiscal”.

Lo primero que cabe analizar es el apelativo que Mujica atribuye a los ciudadanos argentinos. ¿Qué es lo que los definiría como cagadores, para Mujica? Imaginamos que no su estatus nacional, ya que Mujica se ha derretido en melosos elogios no ya hacia los argentinos en general, sino a los peores especímenes de su fauna política en particular.

¿Será por su calidad de empresarios? Calculamos que no, ya que si bien sabemos que Mujica cultiva una visión fisiocrática casi al nivel de Pol Pot, donde los únicos que sirven para algo serían los que trabajan la tierra o pasan turnos en una industria pesada, él mismo como primera gestión tras ser electo, se reunió en un hotel de Punta del Este con la crema y la nata del empresariado argentino, buscando seducirlos diciendo que “acá no les vamos a doblar el lomo con impuestos”. ¿Se acuerda, Mujica?

La otra posibilidad es que les diga “cagadores”, por intentar escapar a las garras tributarias de su gobierno. Pero.. ¿alguien en su sano juicio puede juzgar a un argentino por eso? Si usted tuviera un gobierno que cada diez años se le queda con sus depósitos bancarios, le licúa los fondos de pensión, no paga sus bonos, y le cobra tasas confiscatorias de impuestos, ¿no intentaría escapar? El código penal uruguayo exime de culpa al preso que intenta huir de la cárcel, porque lo ve como algo natural. Imagínese condenar moralmente al que intenta huir del fisco argentino. ¡Es un mártir!

Hay una única justificación para que alguien se sienta obligado a asumir las decisiones políticas de un país como Argentina. Y es una profunda vocación democrática, que lleve a pensar que si la mayoría de tu sociedad votó algo, tenés que bancártela. Pero alguien como Mujica, que salió a matar gente por no pensar como a él le gustaba, en un país democrático como era Uruguay en 1963, ¿está en condiciones de juzgar a alguien por algo como buscar eludir a un fisco esquizofrénico, y querer salvar el patrimonio fruto de una vida de trabajo?

Por último, usando su mismo tono de humilde sugerencia, un comentario para el nuevo presidente argentino: si usted se preocupa porque su país tenga normas e impuestos racionales, como cualquier país medianamente serio del planeta, la chance de que sus ciudadanos huyan a despavoridos a cualquier lado, se reducirá prácticamente a cero.

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