A cincuenta y cinco años del Abuso

Se cumplen mañana 55 años de uno de los episodios más terribles que sufrió la democracia uruguaya: la evasión de 111 presos, de los cuales 106 guerrilleros vinculados al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, de la cárcel de Punta Carretas.

Infelizmente, la cultura izquierdista mayoritaria que se ha ocupado del tema en estas décadas ha destacado la audacia y el éxito de lo que se denominó la operación “El Abuso”, que implicó cavar un túnel subterráneo de más de 40 metros de largo, conectar el piso de una celda de la planta baja de la cárcel con el baño de una casa de familia ubicada al otro lado de la calle Solano García, y evacuar luego y en muy poco tiempo a más de 100 personas en automóviles, entre otras dimensiones cinematográficas de aquel episodio.

Entre los fugados, además, estaban tupamaros tan importantes para la historia posterior del país como José Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro o el propio Raúl Sendic, líder del movimiento y padre de quien, casi exactamente 46 años más tarde, tuviera que renunciar por corrupto a la vicepresidencia de la República.

Pero si se evalúa la fuga con la serenidad que aporta más de medio siglo de distancia, es evidente que aquello fue una enorme tragedia para nuestra democracia. En primer lugar, porque un movimiento cuyos principales dirigentes habían sido puestos presos por los poderes legítimos de la República, con su represión policial y su Poder Judicial como protagonistas, pasaba a revivir en su capacidad guerrillera y en su potencial daño terrorista, como quedaría demostrado sobre todo al año siguiente.

En segundo lugar, fue una tragedia porque dicha operación ocurrió a menos de tres meses de una elección clave en la que el pueblo debía señalar qué rumbo político quería seguir frente a tensiones sociales que, desde 1966, se habían transformado en muy importantes. En este contexto, que más de un centenar de tupamaros convencidos de su acción revolucionaria y dispuestos a atacar con renovados bríos a la democracia quedaran nuevamente libres, era una pésima noticia. Y en tercer lugar, porque frente a semejante amenaza para la institucionalidad y frente al evidente fracaso de la legítima represión del Estado, que no pudo mantener en prisión a guerrilleros que ya habían cometido atentados, asesinatos, secuestros extorsivos y graves daños a la convivencia democrática, el presidente de la República decidió pocos días más tarde ordenar a las Fuerzas Armadas que tomaran el mando de la represión.

El presidente Pacheco se había opuesto antes radicalmente a esa posibilidad. Decía, con razón e ingeniosidad, que los militares son como la pasta de dientes: es fácil sacarlos de sus cuarteles con una orden, pero el problema era cómo hacer para volverlos a meter dentro luego de que hubieran pasado a cumplir tareas de protagonismo mayor en la sociedad.

La historia le dio la razón en este sentido, ya que prontamente las Fuerzas Armadas se ocuparon de reprimir con eficiencia a la guerrilla. En particular para la primavera del año siguiente se podía decir que la guerra interna había sido ganada: los principales protagonistas tupamaros habían sido nuevamente capturados. Sin embargo, muchos militares pasaron a sentirse muy importantes y todo aquello terminó con el golpe de febrero de 1973 y la disolución del Parlamento el 27 de junio de ese año.

La operación “El Abuso” no fue entonces una simpática iniciativa guerrillera para liberarse de injustas cadenas y pasar a promover un socialismo nacionalista en Uruguay. Fue un golpe fatal contra las instituciones democráticas que devaluó fuertemente la tarea policial que hasta ese momento había sido tan eficiente, que limitó al poder civil porque no quedó más remedio que dar protagonismo a los militares en la represión, y que mostró que los tupamaros estaban realmente dispuestos a ir a fondo en su camino revolucionario y terrorista: los asesinatos que perpetraron el 14 de abril de 1972 y el 18 de mayo de 1972, por ejemplo, lo dejaron muy claro.

Para entender mejor nuestro presente debemos evaluar con serenidad este pasado que forma parte de esa mitológica epopeya izquierdista que, hoy, sigue siendo ensalzada nada menos que por el sector que más votos consiguió dentro del Frente Amplio en las elecciones de 2024. La operación “El Abuso” fue un golpe mortal contra todo el Uruguay, y fue de entera responsabilidad del movimiento tupamaro, ese que tanto daño hizo a aquella democracia que por tantas décadas había sido ejemplar en el mundo entero.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar