Alfredo Etchegaray | Maldonado
@|Uruguay no es solamente caro: es lento
Felicitaciones a El País por promover jornadas de reflexión sobre tres asuntos decisivos para nuestro futuro: Uruguay, país caro; crisis demográfica; y Uruguay necesita crecer. Reflexionar es importante si la reflexión conduce a evolucionar.
Uruguay es caro. Pero quizás ese no sea nuestro principal problema. Más grave es que muchas veces Uruguay es lento. En el fútbol, un jugador puede ser muy caro, pero si hace goles y gana partidos, su costo se justifica con resultados. Con un país sucede algo parecido: si los trámites fueran rápidos, si las decisiones se ejecutaran con eficiencia y si la economía lograra crecer sostenidamente a tasas superiores al 5%, la percepción de un “Uruguay caro” sería muy diferente.
El problema aparece cuando se combinan costos elevados con lentitud y burocracia. Pasan los partidos, cambian los colores y se suceden los gobiernos, pero buena parte de la estructura permanece. No es un problema atribuible exclusivamente a un presidente, un ministro o un partido. Quien llega al gobierno recibe un aparato estatal enorme, complejo y difícil de transformar. Por eso Uruguay necesita pensar una reforma que no enfrente a funcionarios públicos con empresarios ni al Estado con el sector privado.
¿Por qué no crear un gran programa nacional voluntario de reconversión?
Podrían ofrecerse cursos gratuitos para que decenas de miles de funcionarios que voluntariamente lo deseen se capaciten para convertirse en emprendedores o incorporarse al sector privado. A quienes decidan emprender se les podrían facilitar créditos blandos y de largo plazo.
Al mismo tiempo, Uruguay debería proponerse automatizar y digitalizar integralmente el Estado, eliminando trámites innecesarios y tareas administrativas repetitivas. La tecnología y la inteligencia artificial permiten imaginar un Estado mucho más eficiente, profesional y rápido, con menos burocracia y mayor capacidad de respuesta. No se trata simplemente de reducir funcionarios. Se trata de liberar talento.
Porque el verdadero potencial de crecimiento de Uruguay está en la cabeza, la creatividad y la iniciativa de su gente.
También necesitamos preguntarnos por qué tenemos una crisis demográfica.
Una respuesta es evidente: tener hijos es caro. Vivienda, alimentos, educación y servicios representan una carga creciente para las familias. Puede ser caro el lujo; lo que un país debería procurar es que no sean prohibitivos los productos y servicios esenciales para vivir y criar hijos.
Y debemos preguntarnos por qué Uruguay no crece más.
Para un inversor, el tiempo también es dinero. Un permiso que demora meses, una autorización que atraviesa innumerables oficinas o una decisión que nadie quiere asumir puede terminar siendo más costosa que un impuesto.
Un país lento pierde oportunidades.
Uruguay debería incorporar además una verdadera cultura de resultados en el Estado. Gobernantes, jerarcas y funcionarios necesitan objetivos medibles y estímulos vinculados a eficiencia, calidad y velocidad de respuesta. No alcanza con cumplir procedimientos. Hay que lograr resultados.
Uruguay tiene hoy una oportunidad internacional extraordinaria. En un mundo atravesado por conflictos e incertidumbre, nuestro país puede ofrecer estabilidad institucional, seguridad jurídica, naturaleza, calidad de vida y una sólida tradición democrática. Pero esas ventajas necesitan complementarse con velocidad.
Debemos lograr que una persona que quiera invertir, instalar una empresa, construir, emprender o radicarse en Uruguay encuentre un país que le diga “cómo hacerlo”, en lugar de una estructura que le explique permanentemente por qué no puede hacerlo.
¿Para qué necesita crecer Uruguay?
Para mejorar la calidad de vida de todos sus ciudadanos. Para generar mejores salarios, oportunidades, inversión e innovación. Para que nuestros jóvenes encuentren razones para quedarse y para que nuevas familias elijan nuestro país para vivir y desarrollarse.
No necesitamos enfrentar al sector público con el privado, ni funcionarios con empresarios, ni gobierno con oposición.
Necesitamos un acuerdo nacional para evolucionar.
Uruguay tiene instituciones, talento, estabilidad y una posición privilegiada en un mundo que busca lugares seguros donde vivir, trabajar e invertir.
La oportunidad está frente a nosotros. Uruguay puede crecer. Pero para crecer, además de ser competitivo, tiene que dejar de ser lento. Hay que animarse a evolucionar.
Uruguay necesita crecer
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